Últimos comentarios

  • Diana

    Diana

    15. Septiembre, 2014 |

    Muy edificante este artículo :)

  • Carles

    Carles

    08. Mayo, 2013 |

    Bueno, pues yo soy uno de estos ignorantes que cree en el poder de Dios, no ya para sanar a una persona con metástasis sino para algo...

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SUFRIMIENTO Y CARÁCTER

 

 

“Hasta nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia, carácter aprobado” (Rom. 5:3, 4).

 

               Pablo está diciendo en este pasaje que el sufrimiento es clave para la formación de un carácter cristiano. “Hasta nos gozamos en nuestros sufrimientos sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia, carácter aprobado” (RSV, v. 3)Nuestra esperanza es la de compartir la gloria de Dios: “Nos gozamos en la esperanza de compartir la gloria de Dios” (RSV, v. 2). Nos gozamos en dos cosas: en nuestra esperanza de compartir la gloria de Dios (v. 2), y en nuestro sufrimiento (v. 3), porque nuestro sufrimiento produce esperanza.

 

               Hay un proceso aquí en el argumento de Pablo. Nos gozamos en nuestro sufrimiento no porque nos guste (todo lo contrario, es terrible), sino porque, por medio de él, si tenemos la actitud que Pablo nos está enseñando, desarrollaremos paciencia, y la paciencia produce carácter aprobado, y el carácter aprobado produce esperanza. Concretando, un carácter cristiano se forma cuando uno aguanta el sufrimiento con paciencia esperando el objeto de su esperanza, que es compartir la gloria de Dios. O sea, sufrimos, esperando con paciencia el estar con el Señor. No estamos deseando ir a cielo ahora mismo para acabar con la tribulación de una vez; esto no es paciencia. Paciencia es aguantar todo el tiempo que dure, sin desesperarnos, sin quejarnos, sin desear morir, sin enfadarnos con Dios, sin renunciar a la fe. Uno sufre pensando que, en el buen tiempo de Dios, esto se acabará y estaré con mi Señor.

 

               El creyente que vive así desarrolla un carácter admirable. Su sufrimiento no es en vano. Ha tenido su finalidad. Ha hecho más brillante su esperanza de estar con el Señor. Tiene la paciencia de Job, y puede aguantar lo que sea, sin pensar mal de Dios. No está quejicoso, ni amargado, ni enfadado, ni resentido, ni engañado, ni desesperado, sino con una esperanza brillante, con los ojos puestos en el cielo, tomando la vida con tranquilidad, sin prisas, sin exigir a Dios que este sufrimiento acabe ya, sin culpar a Dios por ello, sino todo lo contrario, aguantando con paciencia y esperando con ilusión.

 

               ¿Serás defraudado? ¿Tu esperanza será en vano? No. “Y la esperanza no nos decepciona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (RSV, v. 5). No estamos engañados, y la muestra es que ahora mismo podemos experimentar el amor de Dios por medio de su Espíritu quien está en nuestros corazones. El Espíritu Santo en nosotros es la prueba de que tendremos lo que esperamos en el futuro, y su amor es el consuelo para aguantar la prueba ahora.  

 

Margarita Burt

Última actualización el Domingo, 26 de Octubre de 2014 10:37

 

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