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  • Carles

    Carles

    08. Mayo, 2013 |

    Bueno, pues yo soy uno de estos ignorantes que cree en el poder de Dios, no ya para sanar a una persona con metástasis sino para algo...

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    ricardo andres

    05. Mayo, 2013 |

    No me sirvió. En vez de mujeres de la reforma, más bien hombres de la reforma.

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LA SABIDURÍA INVITA



 "La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas. Mató sus victimas, mezcló su vino, y puso su mesa. Envió sus criadas; sobre lo más alto de la cuidad clamó. Dice a cualquier simple: Ven acá. A los faltos de cordura dice: Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he mezclado. Dejad las simplezas, y vivid, y anda por el camino de la inteligencia" (Proverbios 9:1-6).

 Es una generosa invitación. Solo tenemos que humillarnos y reconocer que somos simples y faltos de cordura (de buen juicio o discernimiento), y acudir. "Da al sabio y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber" (v. 9). La sabiduría es comida para el alma. Por medio de ella aprendemos a utilizar bien los días de nuestra vida. Parte de la sabiduría es recibir corrección. La persona inteligente permite que otro le enseñe sus faltas y enmiende sus caminos. Agradece que tome la molestia en enseñarle y aprovecha su consejo para crecer. En cambio: "El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta" (v. 7). El que reprende al impío, es aborrecido (v. 7, 8). Nuestra reacción ante la corrección nos califica.

 La sabiduría no es la única que invita. También lo hace la insensatez. No tiene una casa hermosa, ni invita a un banquete, sino a comida robada, porque no tiene nada propio. La insensatez es pobre. Pero es divertida, al menos, por un tiempo. Dice: "Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es sabroso" (v. 17). Por la noche, en lugares ocultos, se practica el pecado que es fruto de la insensatez. Se divierten haciendo cosas en secreto, pero "no saben que allí están los muertos; que sus convidados están en lo profundo del Seol" (v. 18). Finalmente, el pecado practicado en secreto conduce a la muerte.

 Es el colmo de la estupidez escoger agua en lugar de vino y pan en lugar de carne en una casa pobre cuando uno podría estar gustando manjares en una mansión de lujo. Las dos invitaciones son idénticas al principio, vienen dirigidas a las mismas personas, tanto la que viene de parte de la sabiduría como la que procede de la insensatez: "Dice a cualquier simple. Ven acá. A los faltos de cordura dice:..." (v. 4 y v. 16). Esto es muy interesante. Antes de recibir la sabiduría todos estamos en la misma condición: somos simples y faltas de discernimiento. No distinguimos entre el bien el mal. ¿Cómo, pues, vamos a decidir entre las dos invitaciones? Una cosa nos parece atractiva por su elegancia y la otra por ser robada, oculta y divertida; una apela a lo hermoso en nosotros y otra a lo vil. La elección es entre lo bajo y lo digno.

 Eva robó. Cogió lo que no era suyo. Pertenecía a Dios. La serpiente le ofreció conocimiento, ¡conocimiento que no tenía! La serpiente sigue sin tenerlo, y sus caminos conducen a la muerte. Dios nos ofrece sabiduría. Toda sabiduría es suya y conduce a la vida. La parte digna nuestra clama: "Vengo, acudo a tu banquete, Señor; dame de comer de aquello que necesita mi alma. Me siento en tu banquete para llenarme de todo lo que proviene de ti, y viviré". Amén.

Margarita Burt

 

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