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Sermones Escritos

06 Octubre 2013

Él y solo Él. Por Martin Lloyd-Jones 2ª Parte

Posted in Sermones Escritos

Traducción: Daniel Leví Meléndrez Becerra

     Continuamos con lo que podríamos llamar la visión religiosa de la vida, y la coloco de esta manera para diferenciarla de la visión Cristiana. Existen algunas personas, que al preguntarles: "¿Qué es la vida?" Se ven obligados a decir que significa ser religiosos y cumplir con mandamientos puntuales. Examinémosnos a nosotros mismos, mis queridos amigos. Uno de los peligros más grandes a los que se enfrentan los predicadores, es al peligro de vivir en sus propias actividades: hablando, predicando, estando ocupados en el trabajo de la Iglesia, siendo muy activos en lo que respecta a su religión. Existe el peligro de vivir en todo esto, hasta que de repente, cuando la actividad se haya ido, uno se quede con las manos vacías. ¿Nos visto eso? Para mí, esa es una de las tragedias más grandes de la vida. A veces, que tengo que hablar con hombres y mujeres quienes han llevado una vida muy activa en el círculo de la Iglesia, y cuando son tomados por algún mal, les pareciera no tener nada. Ellos han estado viviendo en sus propias actividades e intereses, y existe el peligro de sustituir todas esas cosas por lo que Pablo comenta.

     Debo ir más allá y colocarlo de esta manera: vivir, no debería significar más que sólo Dios. ¿Es eso irreverente o extremo? ¿Es ir demasiado lejos? Yo sugiero que no lo es. Un judío como un musulmán puede decir con toda honestidad que la vida para él significa Dios, y existen muchos en el mundo que podrían decir que Dios es el centro de sus vidas. Así que esta declaración de Pablo es el lenguaje específico de un Cristiano, esa es la marca distintiva del Cristiano." Para mí, el vivir es" – ¿Qué? – "Cristo". No sólo Dios, no sólo Dios el Padre, sino Cristo el Hijo; no mis intereses religiosos, no mis actividades religiosas, no cualquiera de las cosas que he mencionado: para mí, dice Pablo, el vivir es Cristo.

     Entonces, ¿A qué se refiere que el con la "vida"? En un sentido, ya lo he estado definiendo – es amor. Para él es la cosa más suprema en la vida, por lo que él vive, sin la cual la vida no tendría sentido. Para él, es lo que controla su vida entera. Quizás, la mejor manera de presentar esto es: lo que realmente Pablo está diciendo acerca de sí mismo es que está enamorado de Cristo. Él lo ama, y siempre con verdadero amor, ese amor que controla y domina una vida. Eso es lo que vivo, dice él, ésa es la naturaleza y objeto del todo.

     Ahora permítanme analizar eso sólo un poco más para que podamos dirigirnos a casa tal como Pablo hace referencia al decir que Cristo controla su vida entera. ¿Qué es la vida? Una buena clasificación acerca de la vida consiste en lo que hacemos. Pongámoslo de ésta manera. El Apóstol se encuentra en prisión y se dice a sí mismo, yo podría vivir otros 20 años; pero ¿Qué pasa si lo hago?, ¿Qué significará?, ¿Qué haré durante ésos 20 años?, para nosotros podrían significar 10, 20, 30 o 40 años, quizás, por delante, y ¿Qué haremos en ellos?, ¿Qué significaría la vida para nosotros? Eso es lo primero.

     Y esto, de nuevo, es algo que pudiera ser subdividido. La vida consiste en lo que pienso y en la esfera de mis intereses. La vida no significa únicamente que coma, beba, duerma y me levante para realizar mi trabajo u oficio. Eso no es lo que Pablo define como vida. Él ve un propósito en la vida, las cosas que le dan un significado real. Él se está refiriendo a lo que yo hago la mayoría de las veces cuando tengo tiempo libre, qué leo y qué pienso. Ése es un buen examen. Es, por supuesto, una característica del amor el estar pensando en el objeto del mismo, y, nos guste o no, ésa es una verdad aplicable a cada uno de nosotros. Ése es el por qué el texto se presenta como un examen, "Donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón" (Mateo 6:21). ¿En qué pensamos?, ¿Cuáles son nuestros intereses reales? ¿Qué es aquello que nos mantiene cada vez más ansiosos? Bueno, para Pablo fue Cristo: Cristo siempre estuvo en el centro.

     Y aún hay más. El amor consiste en esto – expresar nuestros sentimientos, expresar nuestras emociones y dar rienda suelta a los deseos que están dentro de nosotros. Y recuerda cómo Pablo nos dijo claramente que su único deseo fue conocer mejor a Cristo y amarlo cada vez más. Eso, nos dice en el capítulo 3, es lo que él desea,: "Que pueda conocerlo, así como también el poder de su resurrección, y simpatizar con sus sufrimientos"; eso, por encima de todas las cosas. Él tenía éste sentimiento, éste impulso, ésta emoción, y todas estaban centradas en Cristo. "Para mí el vivir" en materia de sentimiento y emoción, "es Cristo".

     Y luego significa actividad, acción. Y después, de nuevo, el Apóstol nos dice lo que significa para él. Él ha pasado su tiempo en la difusión de la gloria de Cristo, para que Cristo sea predicado, ya sea por él mismo o por alguien más. Ése es el por qué él está dispuesto a permanecer con los Filipenses – a fin de que pueda decirles más acerca de Cristo. Si permanezco otros 20 años, dice él, ¿Qué voy a hacer? Bueno, en lo que a mí respecta, yo sólo seguiré predicando a Cristo. Les contaré a las personas acerca de Él e intentaré ganar creyentes; haré cualquier cosa para engrandecer y magnificar Su Nombre. En cierto sentido, vivir es una actividad.

     Pero otro asunto que es verdadero acerca del vivir son las cosas que nos suceden en la vida. Si vivo otros 20 años haré ciertas cosas, y ciertas cosas me pasarán; es una parte de la vida. Y aquí, de nuevo, Pablo dice que en éste sentido, la vida también significa Cristo. ¿No ha estado diciendo todo eso? ¿No era eso lo que dijo en los versículos del 12 – 30? Ésas personas están intentando añadir a mis prisiones por predicar a Cristo por envidia, pero está bien, Cristo cubre eso también. Pablo ve un asunto como ése en términos de, y en la luz de, Cristo. Lo que él quiere decir es que en Cristo, ha sido librado de la servidumbre de las cosas que le pasan. Él no es más una víctima de las circunstancias y de la suerte. Continúa en el último capítulo para decir: "He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación". Cristo me ha librado de la tiranía de lo que podría sucederme.

     Y el otro asunto, por supuesto, acerca del amor y la vida es que todos deseamos satisfacción. Hay ciertas exigencias que hago de la vida, existen ciertas cosas que estoy buscando. Estoy buscando paz y gozo, busco felicidad, y Cristo satisface completamente a Pablo en cada aspecto. Yo tengo intelecto: Cristo me satisface, dice Pablo; tengo deseos y sentimientos que necesitan satisfacerse: Cristo es mi todo y en todo. Cada exigencia que hago en mi vida está más que satisfecha en Cristo. Eso es a lo que él se refiere al decir que su vivir es Cristo. La acción, o reacción (si así se desea), hacia las cosas que suceden y todas las exigencias de su naturaleza y su personalidad, están plenamente llenas y satisfechas. Mi querido amigo, ¿acaso puedes decir lo mismo? Estoy muy tentado a detenerme en éste punto y continuar preguntando acerca de ésta cuestión. Ésta, para mí, es la verdadera esencia de la posición Cristiana. Lo que hace a una persona un Cristiano es Cristo. Cristo es siempre el centro, Él es todo para mí. "Vivir" para Pablo significa Cristo en todos sentidos.

     Permítame hacerle otra pregunta. ¿Qué fue lo que hizo que Pablo sintiera esto? Pienso que él mismo nos da la respuesta en las varias epístolas que escribió. Estoy seguro de que el primer aspecto fue la Gloria de la Persona. En Hechos 9 leemos la historia de su viaje a Damasco, respirando aún amenazas y masacres. Pablo se decía a sí mismo, debo hacer muchas cosas para borrar el nombre de Jesús de Nazaret. Él no lo conocía, pero luego que lo vio, y, si pudiera emplear una expresión como la siguiente, Pablo se enamoró de Él, nunca olvidó el rostro o la visión. Una vez que lo hubo visto, todo lo demás retrocedió. Todo lo demás palideció de insignificancia al lado del rostro de Cristo, la Gloria de la Persona, el Único Bendito. ¡Ah, si nosotros alguna vez lo hemos visto, incluso por el ojo de la fe, por un segundo, debería darse esta pasión consumidora! Pablo lo hubo visto, y, por lo tanto, lo amó. Tomás, ustedes recuerdan, lo vio, pero recordemos que nuestro Señor le dijo: "Tomás, porque me has visto creíste, bienaventurados aquéllos que no vieron, y aun así creen" (Juan 20:29). Pudieras decirte a ti mismo, "Si tuviera la visión que tuvo Pablo en camino a Damasco, podría ser capaz de decir que lo amo de la misma manera, pero nunca lo he visto". Pero eso es una tontería – "a quien amáis sin haberle visto" dice Pedro en 1 Pedro 1:8. Lea alguno de los grandes himnos, lea las vidas de los santos, ellos lo amaban. Ellos lo han visto con los ojos de la fe y tenemos sus testimonios. La Gloria de la Persona de Jesús es la razón principal de su amor. La tragedia es que nos detenemos demasiado en los beneficios de la vida Cristiana. Estamos tan ansiosos por las bendiciones, que nos olvidamos de quien nos las da. Pablo no lo hizo así; él miró al Bendito que verdaderamente dio su vida y llevó todos sus pecados – "El Hijo de Dios, quien me amó" – incluso "se dio a sí mismo por mí" (Gál. 2:20). Es la gloriosa y maravillosa cruz. Él dio su vida y su sangre por un miserable pecador.

     A continuación Pablo ve y conoce que apartado de Cristo no existe verdadera vida. En el capítulo 3 él usa una expresión fuerte: "y lo considero como basura": sin valor. Sin Cristo nadie vive, es sólo existencia. Vida, como hemos visto, está destinada a ser esférica, el intelecto satisfecho, los sentimientos satisfechos, la vida entera envuelta, el hombre entero tomado por completo, rodeado de vida.

     Y, finalmente, él sintió y anunció la nueva visión de la vida que obtuvo. A Pablo le fue concedido ver que la vida en éste mundo es realmente una preparación para la gran vida que está por venir. Eso no significa despreciar éste mundo, ni escepticismo o misticismo. Si alguien ha vivido una vida activa, ése fue Pablo: no, él no murió pasivamente al mundo en éste sentido, sino más bien al pecado del mundo. Pablo observó que el mundo está en un grande estado de conflicto entre el reino del cielo y el del mal. Sabía que llegaría el día en el que el Rey regresaría y derrotaría las fuerzas del mal y establecería su reino. Ahora, dijo Pablo, estoy destinado para eso. Puedo pasar 20 largos años en éste mundo, pero pensando en que la Gloria me espera, reflexiono más acerca de la vida venidera, la verdadera vida, ¡cuando el Rey reinará y yo estaré con Él! Y eso hizo también que él viviera para Cristo.

     Así, pues, finalizo con mi pregunta: ¿Cristo es nuestro vivir? Me pregunto si podemos hacer ésa declaración que fue hecha por Count Zinzendorf, el líder de Moravia que ayudó a John Wesley antes y después de su conversión. Él nunca tuvo la visión de Pablo cuando iba en camino a Damasco, pero para él también, Cristo era el centro. ¿Podemos hacer nuestro su lema?. "Yo tengo una pasión, es Él y sólo Él". "Para mí el vivir es Cristo". ¡Oh, que podamos tener ésa pasión!" Creo que podría transformar nuestra tierra en un día, creo que vendría un gran avivamiento, si sólo tuviéramos ésa pasión. ¡Él y sólo Él! Detengámonos con Él; meditemos en Él; pidamos al Espíritu Santo que le revele a nosotros. Oremos por ello; invirtamos nuestro tiempo en ello; absorbámonos en ello; demos que tome el lugar central; hagamos todo lo posible para conocerlo mejor; para saber lo que es amarlo.

Yo tengo una pasión  - Es Él y sólo Él.

 

29 Septiembre 2013

Él y sólo Él – Martyn Lloyd-Jones. 1ª Parte

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Traducción: Daniel Leví Meléndrez Becerra

Por: D. MARTYN LLOYD-JONES – 1898-1981.

 

     Porque para mí el vivir es Cristo. Filipenses 1:21.

     Estamos cara a cara frente a una de las declaraciones más grandiosas y sublimes que jamás se hayan hecho, incluso por este poderoso Apóstol de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Existe un sentido en el cual, cualquiera que mira éste verso, debe sentirse parado sobre una tierra sagrada. En efecto, estoy dispuesto a admitir que sería un sacrilegio acercarse a éste verso de una manera indigna. Aquí tenemos no solamente una declaración de una experiencia que fue cierta, un hecho y una realidad, sino que al mismo tiempo, y por ésa razón, nos encontramos a nosotros mismos cara a cara con un modelo de juicio. Cualquier experiencia dada por Dios es sagrada, y nada está más alejado del Espíritu del Nuevo Testamento que un acercamiento a una declaración como ésta en una manera puramente objetiva, manejándolo con nuestras ásperas manos, llevando nuestro aparato crítico a soportarlo. Existe algo tan sublime acerca de esto, tan delicado y puro, que es como uno de ésos versos en los que somos confrontados con una clase de dilema. Por una parte, uno tiene miedo de manejarlo de una manera separada, llamada aún “manera científica”, por otro lado, por supuesto, existe el peligro de que, si no lo analizamos punto a punto, fallemos en darnos cuenta de su significado interno y su propósito verdadero. Uno es obligado a hacer ambos para analizarlo e intentar entenderlo, mientras siempre recordemos que es una experiencia de vida y una declaración de un hecho que nos coloca bajo un juicio.

     Ahora Pablo, como hemos visto, está confortando a los Filipenses, quienes estaban preocupados por él. Les dijo cómo su encarcelamiento se había tornado “más bien para el progreso del evangelio”, y añadió, ustedes recuerdan que era su anhelo ardiente y esperanza, “que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, como siempre, ahora también Cristo será magnificado en mi cuerpo, ya sea por vida, o por muerte”. Ése es el fondo de la declaración. Pablo quiere decir que en la medida de lo que a él concierne, carece de importancia que él sea puesto para muerte, o para seguir viviendo. Las dos posibilidades existen, y él no sabe por cuál de ellas elegir, porque, él dice, cualquiera es buena. Él no se está preocupado, y ellos necesitan no estarlo, para que, “para mí el vivir sea Cristo y el morir ganancia”. Y luego el procede a trabajarlo un poco más allá, al decir que si tuviera que expresar su preferencia personal, él partiría, sin embargo por amor de ellos sería mejor quedarse. En este punto, no obstante, nos estamos refiriendo a ésta declaración en particular que el Apóstol hizo respecto a la vida y su significado.

     En ésas palabras, sin duda alguna somos llevados cara a cara con las preguntas más importantes con las que nos podemos enfrentar – ¿Qué es la vida?, ¿Qué es vivir?, ¿Qué significado tiene para nosotros?, ¿De qué se trata?, ¿No es una de las mayores tragedias, de hecho, que en medio de todas nuestras preocupaciones en la vida, en medio de toda nuestra actividad intelectual, todas nuestras discusiones, la única cosa a la que los hombres y mujeres nunca le presten la atención debida, es la primera y más obvia de todas, llamada vida y vivir?. No es sólo una de las preguntas más importantes, pero quiero añadir un punto (y esto, de hecho, es especialmente el tema central de éste estudio) en el que estemos enfrentándonos cara a cara con la prueba más completa que podamos encontrar en nuestra profesión de fe Cristiana. Por supuesto, ésta es una palabra más o menos sin sentido para alguien que no sea un Cristiano. Está hablando especialmente a aquéllos que proclaman ser Cristianos, y es por ello que estoy muy ansioso por no tratar éste tema de una manera objetiva.

     Lo atractivo en éste punto, por supuesto, es observarlo en la experiencia de Pablo, pero, mis queridos amigos, estamos hablando acerca de nosotros mismos, no solamente de Pablo. Es una verdad prioritaria de Pablo, pero ésa verdad debiera pertenecer a todo Cristiano. El último hombre para reconocer cualquier diferencia esencial entre sí mismo y cualquier otro Cristiano fue el Apóstol Pablo. Él nunca proclamó que existiera una clase de Cristiandad para sí mismo y otra clase para cualquier otro. Para mí, uno de los peligros más sutiles a los que nos enfrentamos, es que por alguna razón extraordinaria, aunque hemos sido Protestantes y hemos regocijado del Protestantismo por 400 años, parece que aún nos apropiamos de algunas falsas distinciones Católicas Romanas entre Cristianos y No – Cristianos. Hemos visto cómo ellos dibujan una diferencia esencial entre santos y cristianos ordinarios. Los santos, dicen ellos, son personas especiales, o “Cristianos espirituales”, muy opuestos a los “Cristianos mundanos”, y ése es el por qué los Cristianos mundanos deben elevar plegarias a los santos. Sin embargo, es una distinción que nunca se reconoce en el Nuevo Testamento; de hecho, es una distinción que se denuncia.

     Por supuesto, reconocemos que existen diferencias en cuanto a dones y oficios; puedes verlo en 1 Corintios 12 y Efesios 4 y en otros lugares en la Escritura. Pero si bien existen diferencias en los ministerios, ésas son dádivas para los Cristianos por parte del Espíritu Santo, como Hijos de Dios, a través de Jesucristo, somos todos iguales y nuestras vidas deben demostrarlo. Ése es el por qué el Apóstol Pablo habla tan constantemente acerca de “nosotros”. Lo que es verdad para él, es verdad para otros, y en ésta declaración somos confrontados con el más minucioso examen que jamás podamos aplicarnos a nosotros mismos. ¿Podemos decir honestamente juntamente con éste hombre que para nosotros que el vivir significa Cristo? ¿Nos pertenece ésa verdad? No tengo duda alguna de que la cosa más grande en la Iglesia y por consiguiente en el mundo actual es que el pueblo Cristiano debería ser capaz de decirlo. Cuando ellos hablen así podrán verdaderamente contarlo al mundo; cuando sean consumidos por ésta pasión por su Señor sus vidas serán radiantes y el mundo entero conocerá que algo ha pasado con ellos.

     Así que echemos un vistazo a éstas palabras, primero en los términos de la experiencia de Pablo, para después aplicarlas a nuestras vidas. Aquí Pablo se encuentra en prisión y se plantea éste problema. “Yo podría vivir otros 20 años” dice él en efecto, “o podría ser puesto para muerte mañana”. Sin embargo, ustedes saben “él continúa”, “Me encuentro en un estado y condición que realmente no tiene importancia para mí, porque si continúo viviendo otros 20 años será para Cristo, y si de una vez soy puesto para morir, continúa siendo para Cristo; cualquiera de las dos es igual. Cristo significa vivir, vivir significa Cristo”. Repito, la pregunta vital para todos nosotros es si podremos decir lo mismo. Pablo aquí hace una vital y fundamental distinción entre aquéllos que son Cristianos y aquéllos que no lo son, y lo que caracteriza al Cristiano es que para él, el vivir significa Cristo.

     Entonces, ¿qué es la vida?, ¿qué es vivir? Tal vez la mejor manera de abordar esto sea considerando algunas de las respuestas que hemos estado dando a éstas preguntas. Hoy en día existen, claro está, un gran número de personas quienes nunca piensan en el significado de la vida. Vida para ellos significa simplemente existencia, una clase de condición animal, o un estado como el de una planta o el de una flor. Existen muchas personas que no tienen ninguna filosofía. Ellos se encuentran en éste asombroso asunto llamado vida; tienen el sorprendente regalo de “ser”, y aun así pasan sin percibirlo. Nunca se detienen a preguntar qué significa, ellos sólo pasa día tras día comiendo y bebiendo, sin tales pensamientos en absoluto.

     Luego está lo que bien podríamos llamar la visión Epicúrea de la vida, que bien puede ser resumida por la frase: “Déjanos comer, beber y ser felices”. La actitud epicúrea de la vida fue muy familiar en el tiempo de Pablo, como lo es, de hecho, en la actualidad. Se centra más bien en el vivir que en la vida; significa placer: comer, beber, bailar, o lo que sea. Ahora existe una filosofía muy definida que cubre ésa clase de vida y hay personas que realmente creen en ella. No quiero que se quede con ésas consideraciones preliminares, pero es impresionante darse cuenta de la cantidad de gente que, si contestaran honestamente, que para ellos eso es la vida – ésa ronda de un placer después de otro, Es trágico, pero cierto. Cuán frecuentemente escuchamos de personas que abandonan las provincias para ir a vivir a las grandes ciudades, porque ellos quieren ver la “vida”. Ellos se compadecen de las personas que se han quedado atrás, porque para ellos la vida significa una oportunidad de placer.

     Pero existe otra visión de la vida que podríamos describir como Estoica. Es mucho más inteligente que la Epicúrea y se expresa a sí misma de esta manera: la vida es algo que tiene que ser soportado. El Estoico no mantiene una sonrisa perpetua en su cara y dice: “¡No es todo maravilloso!” Él es suficientemente inteligente para ver que eso está muy alejado de la realidad. Se ha dado cuenta de que este mundo puede ser llenado de lágrimas; ve la dureza y la miseria, el sufrimiento y el tormento, y decide que el vivir significa colocarse todo eso encima, ir a través de ello, tomarlo en su mano y seguir adelante, sin importar lo que pueda venir. Su actitud hacia la vida y el vivir significa resistir fuertemente, determinarse a permanecer en pie. Y, por desgracia, existen muchos, quienes, si fueran cuestionados acerca del significado del vivir, tendrían que decir que es una batalla contra las circunstancias y oportunidades; una lucha permanente contra los “golpes y flechas de la monstruosa suerte”; una lucha eterna.

     Y pues, hoy, y siempre en momentos como este, cuando la vida es particularmente difícil, existe la visión cínica de la vida. Quizás una de las mejores expresiones de esto, es el discurso que Shakespeare pone en boca de Macbeth:

¡Hacia fuera, hacia fuera breve vela!

La vida es una sombra que camina; un pobre actor,

Que alardea y se apura sobre el escenario,

Y luego no se escucha más; es un cuento

Contado por un idiota, lleno de ruido y furia,

Que no significa nada.

     Eso es lo que quiero decir con la visión cínica de la vida, y ¡cómo existen tantos que toman ésa visión el día de hoy!. Quizás sea una tentación peculiar en un momento como éste, cuando demasiados idealismos han sido falsificados, y demasiadas esperanzas brillantes se han venido hasta el suelo. El típico comentario de los hombres de hoy en día es: ¿Cuál es el aprovechamiento de cualquier cosa? Ninguno.

     Luego, para avanzar en esta escala, existe la visión que pudiera ser descrita como una visión mística de la vida. Es importante que entendamos esto, porque frecuentemente la visión Cristiana ha sido equivocada por describirla como la mística. Existe, por supuesto, una cosa tal como el misticismo Cristiano, y es importante que esto debiera ser calificado por la palabra “Cristiano”, para que quede claro. La típica visión mística es que la vida y todos sus males son debidos en última instancia a la carne, y la salvación se encuentra en el exterior de ella. En consecuencia, el místico pasa su tiempo intentando hacer morir la carne; intenta vivir de una manera pasiva, no permitiendo que el mundo lo influya o afecte. Ese es su punto de vista, un tipo de muerte al mundo y una adaptación de una actitud puramente pasiva.

     Pero permítanme ahora describir como la visión de la vida del hombre promedio es tan profundamente confrontada con la palabra del Apóstol. Si preguntáramos a los Cristianos, a miembros de iglesias Cristianas: “¿Qué es el vivir para ti?, ¿Verdaderamente que constituye realmente la vida para ti?, ¿Qué es lo más precioso que posees?”, ¿No es cierto que muchos de nosotros tendríamos que confesar y admitir que significa nuestras familias, nuestros hogares, sólo trabajo, esas ocupaciones, nuestras actividades en vida?, ¿El vivir muy frecuentemente significa para muchos de nosotros el compañerismo y el amor de nuestro seres queridos, la vida en el lugar y todo ese círculo? ¡Qué cosas tan preciosas son!, Pero muchas de ellas vienen a ser nada en la vida, y cuando ella son quitadas de nosotros, nuestra vida y nuestro mundo se colapsa, y no tenemos nada. Yo siempre recalco que una de las tareas más difíciles que podamos tener, es escribir una carta de solidaridad cuando un ser querido nuestro ha sido tomado y sabemos que no era un Cristiano. Eran buenas personas quizás, gente agradable, viviendo en una moral perfecta y siendo muy felices, pero cuando son tomados, sabes que el fundamento de su vida se ha ido.

     Pero permítanme continuar. Existe la visión humanista. Para el humanista, el vivir significa una oportunidad de hacer algo bueno, de mejorar al mundo y elevar el estado de la sociedad. Actualmente existen muchas personas que han adoptado esta visión idealista de la vida, y si tú les preguntas que significa el vivir, ellos dirán: “Es una oportunidad de cambio y mejoramiento de la vida del hombre, así como de progreso”.

21 Abril 2013

Santidad: 3. Santidad – J.C. Ryle

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Traducido por Erika Escobar

Anteriores del libro Santidad:1. Introducción

2. Pecado

3. Santificación

SANTIDAD

"Santidad, sin ella ningún hombre verá al Señor" (Heb. 12:14)

La cita bíblica que encabeza esta página apunta a un tema de profunda importancia.  Ese tema es la santidad práctica.  Este sugiere preguntas que demandan la atención de todos los creyentes profesantes: ¿Somos santos?  ¿Veremos al Señor?

Estas preguntas nunca podrán estar fuera de lugar.  El hombre sabio nos dice: "Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír; un tiempo para guardar silencio y un tiempo para hablar" (Ecl. 3:4-7), pero no hay un tiempo, no, ni un día, en el cual hombre no deba ser santo.  ¿Lo somos?

Estas preguntas conciernen a todos los hombres, sin importar su rango y condición.  Algunos son ricos y otros son pobres, algunos tienen conocimiento y otros no lo tienen, algunos son señores y algunos son sirvientes; pero no hay rango ni condición de vida en la que un hombre no deba ser santo.  ¿Lo somos?

Pido que se me escuche acerca de este tema.  ¿Cómo está la cuenta entre nuestras almas y Dios?  En el mundo acelerado y ajetreado que estamos, detengámonos unos pocos minutos y consideremos el asunto de la santidad.  Creo que podría haber escogido un tema más popular y agradable.  Estoy seguro de hubiera encontrado uno más fácil de abordar, pero siento profundamente que no podría haber escogido uno más razonable y provechoso para nuestras almas. Es un asunto solemne oír la Palabra de Dios decir "Sin santidad ningún hombre verá a Dios" (Heb.12:14)

Me dedicaré, con la Ayuda de Dios, a examinar lo que es la verdadera santidad y la razón de por qué es tan necesaria.   Como conclusión, trataré de delinear el único camino por el cual la santidad puede ser asida.  Habiendo considerado el lado doctrinal, volvámonos a la simple y práctica aplicación.

 

07 Abril 2013

La Manera en la que la Salvación del Alma tiene que ser buscada – Jonathan Edwards

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Traducido por Daniel Levi Meléndrez Becerra

 Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó. Génesis 6:22

      En cuanto a estas palabras, me gustaría observar tres cosas:

Qué fue lo que Dios le ordenó a Noé, a qué se refieren estas palabras. Fue la construcción de un arca de acuerdo con la dirección particular de Dios, para poder hacer frente al tiempo en el que el diluvio de aguas habría de venir, así como la provisión de comida para sí (Noé), su familia, y los animales, quienes debían ser preservados en el arca. Tenemos las órdenes particulares que Dios le dio respecto a este asunto, desde el versículo 14, "Hazte un arca de madera de gofer".Podemos observar el diseño especial de la obra que Dios había ordenado a Noé: salvar a Noé y a su familia, mientras el resto del mundo debía de perecer ahogado. Vea los versículos 17, 18. Podemos observar  la obediencia de Noé. Él obedeció a Dios: lo hizo así Noé. Y su obediencia fue completa y universal: de acuerdo a todo lo que Dios le ordenó, así lo hizo él. Él no sólo comenzó, sino que fue a través de su trabajo, el cual Dios le había ordenado que llevara a cabo para lograr la salvación de la inundación. A ésta obediencia se refiere el apóstol en Hebreos 11:7: "Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase..."

29 Marzo 2013

La Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle

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Traducido por Erika Escobar

SANTIFICACION

"Santifícalos a través de tu verdad" (Jn 17:17)

"Esta es la voluntad de Dios, incluso su santificación" (1 Tes 4:3)

El tema de la santificación es uno de muchos, me temo, que desagrada en extremo.  Algunos incluso se voltean de ella con desprecio y desdén.  La última cosa que les gustaría ser es "un santo" o un hombre "santificado".  Sin embargo, el tema no necesita ser tratado de esa forma.  No es un enemigo, es un amigo.

Este es un tema de la más alta importancia para nuestras almas.  Si la Biblia es verdad, es seguro que a menos que seamos "santificados" no seremos salvados.  Hay tres cosas que de acuerdo con la Biblia son absolutamente necesarias para la salvación de cualquier hombre o mujer en la cristiandad.  Estas son la justificación, conversión y santificación.  Las tres se encuentran en cada hijo de Dios que  es nacido de nuevo y justificado y santificado.  Aquel que adolece de alguna de estas tres cosas no es un verdadero cristiano a la mirada de Dios, y al morir en esa condición no será encontrado en el cielo ni glorificado en el último día.

Este es un tema particularmente conveniente en los presentes días.   Sobre él, recientemente, se han levantado doctrinas extrañas.  Algunas parecen confundir la santificación con la justificación.  Otras la derrochan como si fuera nada, bajo la presencia del celo por la libre gracia y prácticamente la desechan. Otros están más preocupados del "trabajo" que se hace parte de la justificación y apenas pueden encontrar un lugar para el "trabajo" en su religión. Otros establecen medidas equivocadas de santificación ante sus ojos y fallan en asirla, pierden sus vidas en sesiones repetidas de iglesia en iglesia, congregación  en congregación, secta en secta, en vana esperanza de que encontrarán lo que necesitan.   En un día como este, un examen calmo de este tema, teniendo como puntero doctrinal el evangelio, puede ser de gran utilidad para nuestras almas.

Ahora, consideraremos la verdadera naturaleza de la santificación, sus marcas visibles y cómo se compara y contrasta con la justificación.

Si, infelizmente, usted es uno de esos lectores que no se preocupa de nada excepto por las cosas mundanas y no tiene religión alguna, no puedo esperar que tome demasiado interés por lo que estoy escribiendo.  Usted probablemente pensará que es un asunto de "palabras y nombres", inquietudes bonitas acerca de las cuales nada importa lo que usted mantiene y cree.  Pero si usted es un cristiano que medita, es razonable, es sensible, me aventuro a decir que usted encontrará que es valioso tener algunas ideas claras acerca de la santificación.

 

23 Marzo 2013

La Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle

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Traducido por: Erika Escobar

PECADO

"El pecado es la transgresión de la ley".  (1ª Jn 3:4)

Aquel que desea asumir visiones correctas de la santidad cristiana debe comenzar por examinar el vasto y solemne tema del pecado.  Debemos excavar profundamente si deseamos construir alto.  Un error en ello es muy dañino.  Visiones equivocadas acerca de la santidad generalmente son camino seguro a visiones equivocadas acerca de la corrupción humana.  No me disculpo por comenzar este volumen con mensajes acerca de la santidad haciendo algunas declaraciones simples sobre el pecado.

La simple verdad es que el correcto entendimiento del pecado descansa en las raíces de la cristiandad salvada.  Sin él, las doctrinas de la justificación, conversión, santificación, son palabras y nombres que no conducen a ninguna significancia mental.  La primera cosa que hace Dios cuando El hace de alguien una nueva criatura en Cristo, es poner luz dentro de su corazón y mostrarle que él es un pecador culpable.  El material de la creación en Génesis comienza con "luz" y así también hace la creación espiritual.  Dios "brilla dentro de nuestros corazones" por el trabajo del Espíritu Santo y luego comienza la vida espiritual (2ª Cor 4:6).  Visiones oscuras y poco claras  del pecado son el origen de la mayoría de los errores, herejías y falsas doctrinas de los tiempos actuales.  Si un hombre no se da cuenta de la naturaleza peligrosa de la enfermedad de su alma,  no puede preguntarse si está contento con  remedios falsos o imperfectos.  Creo que una de las necesidades principales de la iglesia contemporánea ha sido, y es, la enseñanza más clara, más completa sobre el pecado.

1)  Comenzaré por el tema entregando algunas definiciones de pecado.  Por supuesto, estamos todos familiarizados con los términos "pecado" y "pecadores".  Frecuentemente hablamos que el "pecado" está  en el mundo y hombres cometiendo "pecados".  ¿Pero qué es lo que queremos decir realmente con estos términos y frases?  ¿Lo sabemos realmente?  Me temo que existe confusión mental y bruma sobre este punto.  Déjenme tratar, tan brevemente como sea posible, de entregarles una respuesta.

"Pecado", hablando en general, es como  lo declara nuestra iglesia en el artículo nueve:  "la falta y corrupción de la naturaleza de cada hombre que está naturalmente engendrado de la descendencia de Adán;  en la que el hombre está muy lejos de la Rectitud original (1 y 2), y está en su propia naturaleza inclinado a la maldad de forma tal que su carnalidad  lucha siempre contra el espíritu, y, por lo tanto está en cada persona nacida en este mundo, y merece la furia y condenación de Dios".  El pecado es esa vasta enfermedad moral que afecta a toda la raza humana, de cada rango y clase,  nombre y nación, lengua; una enfermedad de la cual nadie nacido de mujer, excepto uno, estaba libre.  ¿Necesito decir que ese "Uno" era Cristo Jesus, el Señor?

Digo, más aún, que "un pecado", para hablar más particularmente, consiste en hacer, decir, pensar o imaginar cualquier cosa que no está en perfecta conformidad con la mente y ley de Dios.  "Pecado", en breve como las Escrituras dicen, es "la transgresión de la ley" (1ª Jn 3:4).  La más mínima desviación,  interna o externa, del paralelismo matemático de  la voluntad  y carácter  revelados de  Dios constituye un pecado e inmediatamente nos hace culpables a la vista de Dios.

Por supuesto, no necesito decir a nadie que lee su Biblia con atención que un hombre puede romper la ley de Dios en su corazón aún cuando no exista un acto visible y público de maldad.  Nuestro Señor ha establecido ese punto más allá de cualquier disputa o interpretación en el Sermón del Monte (Mat 5:21-28).  Hasta uno de nuestros poetas ha expresado sinceramente que "un hombre puede sonreír y sonreír, y ser un villano".

Nuevamente, no necesito decir a un cuidadoso estudiante del Nuevo Testamento que hay pecados tanto de omisión como de acción, y que nosotros pecamos, como nuestro libro de oración  nos recuerda, por "dejar de hacer cosas que debemos hacer", tanto así como "por  hacer cosas que no debemos hacer".  Las solemnes palabras del maestro Marcos en su evangelio coloca este punto más allá de cualquier discusión.  Está allí escrito:  "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno ... Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber" Mat. 25: 41,42.

17 Marzo 2013

La Santidad: Introducción – J. C. Ryle

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Traducido por: Erika Escobar

Nota: Comenzamos a publicar este libro llamado "Santidad" de John Charles Ryle, el cual nos llamó la atención desde que oímos a Paul Washer lo recomendaba encarecidamente en uno de sus sermones, y eso nos movió a desear verlo traducido. Damos las gracias a Erika Escobar que ha aceptado encargarse de la traducción, iremos publicando capítulo a capítulo, esperando que sea de bendición y edificación para vosotros.

Además Erika nos hizo llegar esta recomendación que os transmitimos tal cual nos llegó: A raíz de la traducción del libro en que estoy trabajando, investigando encontré este interesante estudio sobre la Epístola de Pablo a los Romanos... creo –por decir lo menos- es iluminador... un llamado a retomar el bastión de la fe desde el punto en que estamos hoy y ahora! Es un estudio complementario a lo que será la traducción de la Introducción al libro Santidad. Enlace a "El mensaje a los Romanos por Ray C. Stedman".

 

Introducción

En los veinte ensayos que componen este volumen está mi humilde contribución a una causa que está provocando mucho interés en estos días – Me refiero a la causa de la santidad bíblica. Es una causa que cualquiera que ama a Cristo, y desea anticipar Su reino en este mundo, debe enfrentar para adelantar.   Todos pueden hacer algo y deseo agregar mi cuota.

El lector encontrará poco que sea directamente controversial en estos escritos.  Me he abstenido cuidadosamente de  usar citas de  maestros o libros modernos. He sido impelido a entregar el resultado de mi propio estudio de la Biblia, mis meditaciones personales, mis propias oraciones para obtener entendimiento y mis lecturas de  los viejos textos sagrados. Si en algo estuviese equivocado, espero saberlo antes de abandonar este mundo.  Todos vemos en parte y tenemos un tesoro en los veleros terrenales.  Confío, estoy deseoso de aprender.

Por muchos años, he tenido una profunda convicción de que, en este país,  la santidad práctica y la total consagración a Dios no son suficientemente consideradas por los cristianos modernos.  La política, o la controversia, o los espíritus divididos, o la mundanería, han consumido en muchos de nosotros la piedad activa del corazón.  El tema de la santidad personal ha caído tristemente al patio trasero. En muchos barrios el estándar de vida se ha vuelto dolorosamente bajo. La inmensa importancia de "de acicalar la doctrina de Dios nuestro Salvador" (Tito 2:10), para hacerla adorable y hermosa según  nuestros hábitos diarios y temperamentos ha ido demasiado lejos.  Las personas del mundo a veces se quejan con razón de que las personas "religiosas", así llamadas, no son tan afables, ni generosas y de buena naturaleza comparados con otros que no profesan religión alguna.  Con todo y eso la santificación, en su lugar y proporción, es tan importante como la justificación. La reconocida doctrina protestante o evangélica es inútil si no está acompañada por una vida de santidad.  Es peor y por lo tanto inútil,  provoca daño.  Es tenida a menos por  hombres del mundo de mirada acuciosa y perspicaz, que la ven como irreal y hueca, y la cuestionan con desdén.  Es mi firme impresión que nosotros necesitamos una renovación amplia de la Santidad bíblica y estoy muy agradecido porque la atención va hacia esa dirección.

Es, sin embargo, de gran importancia que todo el tema sea puesto en las fundaciones correctas, y que el movimiento alrededor de ella no sea dañado por declaraciones crudas, desproporcionadas y unilaterales.   Si tales declaraciones abundan,  no debemos sorprendernos.   Satanás conoce muy bien el poder la verdadera santidad, y el inmenso daño que una atención incrementada hacia ella puede causarle  a su reino.  Es su interés, por lo tanto, promover la contienda y controversia acerca de esta parte de la verdad de Dios.  A medida que el tiempo pasa, él ha tenido éxito en mistificar y confundir la mente de los hombres sobre la justificación, así es que él trabaja ahora para dar  a los hombres "consejos oscuros con palabras sin conocimiento" acerca de la santificación.  Ojalá Dios lo reprenda!  No puedo abandonar la esperanza que lo bueno brotará de lo maldad, que las discusiones despertarán la verdad, y que la variedad de opiniones nos llevará a buscar más en las Escrituras, a orar más y a llegar a ser más diligentes en tratar de encontrar lo que es "el entendimiento/intención del Espíritu".

Ahora lo siento como un deber, en despachar este volumen para ofrecer unas pocas señales introductorias a aquellos cuya atención está especialmente dirigida al tema de la santificación en nuestros tiempos.  Sé que haciéndolo, pareceré presuntuoso, y posiblemente ofensivo, pero hay que arriesgarse cuando se trata de los intereses de la verdad de Dios.   Pondré mis sugerencias en la forma de pregunta, y pediré a mis lectores las tomen como "Precauciones en los tiempos presentes en el tema de la santidad".

22 Julio 2012

El Dios de los Ancianos

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Un sermón predicado por Charles Haddon Spurgeon

 

Este sermón fue predicado también en su esencia en Stambourne, Essex, en la conmemoración del Jubileo de su abuelo, el señor JAMES SPURGEON, el martes 27 de Mayo de 1856.

"Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré." Isaías 46: 4.

El próximo martes subiré al púlpito para dirigirme a la congregación en circunstancias especiales; circunstancias que, acaso, ocurren raramente, y posiblemente no hayan ocurrido nunca antes. Habría sido más apropiado que el anciano ministro fuera quien se dirigiera a la congregación; sin embargo, como él lo decidió así, así ha de ser. Yo voy a buscar mi consolación en el versículo tercero, donde se declara que aunque Dios sea el Dios del término de nuestra vida, es también el Dios de su comienzo. Él nos lleva desde la matriz; por eso, el niño puede confiar en Dios, al igual que el que el hombre canoso. Y Aquel que otorga bendiciones especiales a las canas, también corona la cabeza de los jóvenes con Su perpetuo favor, si se trata de Sus hijos.

"Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré."

¿Me permiten exponerles la doctrina de este texto, para luego mostrarles cómo es implementado, especialmente en el tiempo de la vejez?

I. Yo sostengo que LA DOCTRINA DEL TEXTO ES: la constancia del amor de Dios, su perpetuidad, y su naturaleza inalterable. Dios declara que Él no es simplemente el Dios del santo joven; que Él no es simplemente el Dios del santo de edad mediana: sino que Él es el Dios de los santos en todas sus edades, de la cuna a la tumba. "Y hasta la vejez yo mismo"; o, como lo traduce Lowth más hermosa y apropiadamente: "Y hasta la vejez yo soy el mismo, y hasta las canas te soportaré."

La doctrina, entonces, es doble: que Dios mismo es el mismo, sin importar cuál sea nuestra edad; y que los tratos de Dios para con nosotros, tanto en la providencia como en la gracia, tanto cuando nos soporta como cuando nos guarda, son igualmente inalterables.

(1.) En cuanto a la primera parte de la doctrina, que expresa que Dios es el mismo cuando llegamos a la ancianidad, seguramente no tengo necesidad de demostrárselos. Abundantes testimonios de la Escritura declaran que Dios es un ser inmutable, sobre cuya frente no hay una sola arruga debido a la edad, y cuya fortaleza no se debilita por el paso de las edades; pero si necesitáramos pruebas, podríamos mirar a la naturaleza en cualquier parte, y a partir de allí deberíamos adivinar que Dios no cambiará durante el breve período de nuestra vida mortal. ¿Acaso me parece algo difícil que Dios sea el mismo durante setenta años, cuando descubro muchas cosas en la naturaleza que han retenido el mismo perfil e imagen durante muchos años más?


 

30 Junio 2012

Buenas Obras.

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Un sermón predicado la mañana del Domingo 16 de Marzo, 1856 por Charles Haddon Spurgeon

NO. 70

"Celoso de buenas obras." Tito 2: 14.

Sermones

     No tenemos miedo de inculcar en ustedes un espíritu legalista por lo que vamos a decir, pues, creemos que después de nuestras frecuentes exhortaciones apoyadas por el Espíritu Santo, para que eviten cualquier cosa que semeje confianza en sus buenas obras, no sentimos temor que nos malinterpreten como para suponer que, cuando hablamos de buenas obras hoy, queremos de alguna manera que se imaginen que esas buenas obras pueden promover su eterna salvación. Nos esforzamos aquí arduamente el domingo antepasado para enseñarles la diferencia entre los dos pactos: el pacto de gracia y el pacto de obras. Les ruego que traten de recordar lo que dijimos en esa ocasión, y si por cualquier equivocación de la lengua dijésemos algo que pudiera parecer legalismo, cotejen ambos mensajes, y allí donde cometamos algún error sobre la grandiosa verdad de la justificación por fe, rechacen nuestro testimonio.

"Celoso de buenas obras." Hay algunos que nos oyen predicar alta doctrina, y nos escuchan declarar constantemente que por gracia somos salvos por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios. Por lo tanto, suponen que no podemos predicar sobre buenas obras, y que no podríamos predicar un buen sermón de exhortación a los cristianos, para que vivan en santidad. Bien, no diremos que podemos predicar un buen sermón, pero sí diremos que intentaremos predicar un sermón sobre ese tema que será tan bueno como los suyos, que conduzca a los hijos de Dios a vivir en santidad de la misma manera que puede hacerlo cualquiera de sus exhortaciones, cimentadas como están en la confianza en la carne, y basadas en amenazas, regulaciones y promesas que ellos suponen que inducirán a los hijos, pero que sólo son buenas para esclavos, mas de poca valía para que operen en los creyentes que verdaderamente han renacido. Los hijos de Dios conforman un pueblo santo. Para este propósito específico nacieron y fueron traídos al mundo, para que fueran santos. Para esto fueron redimidos con sangre y fueron hechos un pueblo peculiar. El propósito de Dios en la elección, el fin de todos sus propósitos, no se ve cumplido mientras no se conviertan en un pueblo "celoso de buenas obras."

Ahora, esta mañana, primero que nada, les hablaremos de la naturaleza de las buenas obras, pues hay muchas cosas llamadas buenas obras que no lo son en lo absoluto; en segundo lugar, vamos a rastrear a las buenas obras hasta sus orígenes: vamos a descubrir de dónde provienen las buenas obras; en tercer lugar, intentaremos mostrarles el uso de las buenas obras; y vamos a concluir procurando demostrar que nuestras doctrinas de la gracia que discrimina, que distingue, la gracia inmerecida, tienen influencia para convertirnos a los creyentes en ellas, en "celosos de buenas obras."

 

23 Junio 2012

La Visión Beatífica

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por Charles Haddon Spurgeon

"Le veremos tal como él es." 1 Juan 3: 2.

Uno de los deseos más naturales del mundo es querer ver a alguien cuando nos enteramos que se trata de una persona grandiosa y buena. Cuando leemos las obras de cualquier autor eminente, solemos revisar la portada para ver su retrato. Cuando nos enteramos de algún portentoso acto de bravura, nos apretujamos junto a nuestras ventanas para ver al guerrero en cuestión mientras cabalga por las calles. Si nos llegan noticias de alguien santo y entregado de manera eminente a su labor, no nos importa esperar en cualquier parte, con tal de que alcancemos a ver a ese hombre que Dios ha bendecido tan grandemente.

Este sentimiento se vuelve doblemente poderoso cuando tenemos alguna conexión con ese hombre. Cuando sentimos, no sólo que es grande, sino que es grande para nosotros. No simplemente que es bueno, sino que es bueno para con nosotros. No únicamente que es benevolente, sino que ha sido nuestro benefactor.

Entonces el deseo de verle se convierte en un deseo insaciable, y el deseo es insaciable hasta que pueda ser satisfecho al ver a ese donador desconocido e invisible hasta ese momento, que ha realizado actos prodigiosamente buenos para con nosotros.

Yo estoy seguro, hermanos míos, que todos ustedes confesarán que este fuerte deseo ha surgido en sus mentes en relación al Señor Jesucristo. A nadie le debemos tanto como a Él; de nadie hablamos tanto, de nadie esperamos tanto, en nadie pensamos tanto como en Él: de cualquier manera, nadie piensa tan constantemente en nosotros. Yo creo que todos aquellos que amamos Su nombre, tenemos un deseo sumamente insaciable de contemplar Su persona. La cosa que pido por encima de todo lo demás, es poder contemplar por siempre Su rostro, poner por siempre mi cabeza en Su pecho, saber por siempre que soy Suyo, y morar por siempre con Él.


 

11 Mayo 2012

¡Verdadera Oración: Verdadero Poder!

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El Púlpito de la Capilla New Park Street. UN SERMÓN PREDICADO LA MAÑANA DEL DOMINGO

"Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas."

Marcos 11:24 (Biblia de las Américas)

Este versículo tiene algo que ver con la fe de los milagros; pero yo creo que tiene mucha mayor relación con el milagro de la fe. Esta mañana, de todos modos, vamos a considerarlo bajo esa luz. Yo creo que este texto es la herencia, no sólo de los apóstoles, sino de todos aquellos que caminan en la fe de los apóstoles, creyendo en las promesas del Señor Jesucristo.

Ese consejo que Cristo dio a los doce y a sus inmediatos seguidores, la Palabra de Dios lo repite para nosotros en este día. Que recibamos constante gracia para obedecerlo. "Todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas."

Cuántas personas hay que se quejan porque no disfrutan la oración.

No la descuidan, pues no se atreverían a hacerlo; pero la descuidarían si pudieran atreverse, pues están muy lejos de encontrar algún placer en ella. Y, ¿acaso no debemos lamentar que algunas veces el carruaje pierda sus ruedas y nos conduzca pesadamente a lo largo de nuestras súplicas?

Le dedicamos el tiempo programado, pero volvemos a ponernos de pie, sin alivio, como un hombre que ha estado acostado en su cama pero que no ha dormido lo suficiente como para recuperar plenamente sus fuerzas.

Cuando llega otra vez el tiempo de orar, nuestra conciencia nos vuelve a poner de rodillas, pero no tenemos una dulce comunión con Dios. No presentamos nuestras necesidades con la firme convicción de que Él las cubrirá. Después de musitar una vez más nuestra ronda acostumbrada de expresiones, nos ponemos de pie, tal vez más turbados en la conciencia y más afligidos en la mente, de lo que estábamos antes.

Creo que hay muchos cristianos que tienen esta queja: que oran, no tanto porque sea algo bendito que se les permita acercarse a Dios, sino porque deben orar, porque es su deber, porque sienten que si no lo hiciesen, perderían una de las evidencias ciertas de su condición de cristianos. 

Hermanos, yo no los condeno; pero a la vez, si pudiera ser el instrumento para izarlos de ese estado tan bajo de gracia y llevarlos a una atmósfera más elevada y saludable, mi alma se gozaría en grado sumo. Si yo pudiera enseñarles un camino más excelente; si pudiesen considerar a la oración, de ahora en adelante, como su elemento, como uno de los ejercicios más deleitables en su vida; si llegaran a valorarla más que el alimento necesario, y a considerarla como uno de los mayores lujos del cielo, ciertamente habría cumplido con un grandioso cometido, y ustedes tendrían que dar gracias a Dios por una grandiosa bendición. Entonces, préstenme su atención mientras les solicito, primero, que miren al texto; que miren por encima de ustedes.

01 Mayo 2012

El Guerrero Desfalleciente

Written by Charles H. Spurgeon, Posted in Sermones Escritos

SERMÓN PREDICADO LA MAÑANA DEL DOMINGO 23 En El Púlpito de la Capilla New Park Street

"¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado". Romanos 7: 24, 25.

 

Si yo decidiera ocupar el tiempo de ustedes en un asunto controversial, podría demostrarles de manera concluyente que el apóstol Pablo está describiendo aquí su propia experiencia como cristiano. Algunas personas han afirmado que él declara aquí simplemente lo que había sido antes de su conversión, y no lo que era cuando se convirtió en receptor de la gracia de Dios. Pero tales personas están evidentemente equivocadas, y yo diría que están obstinadamente equivocadas, pues cualquier mente candorosa y sincera que leyera este capítulo, no podría caer en tal error. Es Pablo el apóstol, nada menos que el más grande de los apóstoles; es Pablo, el poderoso siervo de Dios, un verdadero príncipe en Israel, uno de los hombres valientes del Rey, es Pablo, el santo y el apóstol, el que aquí exclama: "¡Miserable de mí!"

Ahora, algunos humildes cristianos son víctimas a menudo de un error muy necio. Contemplan a ciertos santos avanzados, y a algunos ministros capaces, y dicen: "Seguramente hombres como éstos no sufren como sufro yo; no contienden con las mismas perversas pasiones como las que me vejan y me turban". ¡Ah!, si conocieran los corazones de esos hombres, si pudieran atisbar en sus conflictos íntimos, pronto descubrirían que, entre más cercano a Dios viva un hombre, más intensamente tiene que dolerse por su corazón depravado, y entre más lo honra su Señor estando a Su servicio, más lo veja y lo atormenta día a día el mal de la carne.

28 Abril 2012

¡DESPIERTEN DESPIERTEN!

Written by Charles H. Spurgeon, Posted in Sermones Escritos

UN SERMÓN PREDICADO LA MAÑANA DEL DOMINGO 15 NOVIEMBRE, 1857,


Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.                     
(1 Tesalonicenses 5:6)

 Qué tristes consecuencias ha acarreado el pecado. Este hermoso mundo nuestro fue una vez un templo glorioso, y cada uno de sus pilares reflejaba la bondad de Dios, y cada una de sus partes era un símbolo del bien, pero el pecado ha corrompido y ha viciado todas las metáforas y las figuras que se puedan desentrañar de la tierra. Ha descompuesto de tal manera la divina economía de la naturaleza, que esas cosas que eran cuadros inimitables de virtud, bondad, y divina plenitud de bendición, se han convertido en figuras representativas del pecado. Es extraño decirlo, pero a la vez es extrañamente cierto, que los supremos dones de Dios se han convertido en los peores cuadros de la culpa humana, por el pecado del hombre.

¡Contemplen las corrientes de agua! Brotando de sus fuentes, se precipitan por los campos, llevando la abundancia en su seno; los cubren por un tiempo, y después de unos días se apaciguan y dejan sobre la llanura un depósito fértil, en el cual arrojará la semilla el labriego para obtener una cosecha abundante. Uno habría llamado la irrupción de las aguas un hermoso cuadro de la plenitud de la providencia, de la magnificencia de la bondad de Dios hacia la raza humana; pero descubrimos que el pecado se ha apropiado de esa figura. El comienzo del pecado es como el prorrumpir de las aguas.

 

06 Febrero 2012

EL CONTENTAMIENDO CRISTIANO

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SERMÓN DE ANDREW GRAY Filipenses. Capítulo 4

Entre los cristianos suele darse un error muy común: se trata de colocar la práctica de la religión en los deberes que se consideran más altos y sublimes, según su propia estimación, tales como la fe, la esperanza y la oración, y se infravalora la práctica de otros considerados de menor rango, tales como el contentamiento, morir al mundo y la caridad con el pobre, los cuales no se ven como muy esenciales para ser cristiano.

Seguro que si alguno de vosotros hubiese estado escuchando al apóstol cuando Santiago trataba la cuestión de en qué consiste la verdadera religión, pensaría que se iba a referir a alguna cosa profunda y sublime, pues ¿en qué si no había de consistir la religión pura y sin mácula delante del Dios y Padre? Creedme, hermanos, que la religión consiste más en práctica que en especulación, más en obediencia que en nociones refinadas y sutiles. Santiago, sin embargo, nos muestra en qué consiste: guardarse sin mancha del mundo y visitar al necesitado, es decir, practicar la caridad con el pobre (precisamente esos dos deberes tan devaluados). Y os digo más: esos deberes, que se consideran sin importancia, serán la base sobre la que Cristo juzgará a vivos y muertos en el día de su venida. Y los santos serán aprobados conforme al cumplimiento de estos deberes, tan poco apreciados y fastidiosos. Haber cuidado a los pobres: ésa será la base de la bienaventuranza eterna, y también la base de la reprobación del impío. Todo esto tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa.

Pablo dice que la piedad con contentamiento es gran ganancia. Por la fe un cristiano disfruta de Dios, por el amor disfruta de su prójimo, y por el contentamiento disfruta de sí mismo. Tenemos que confesar que es una lección de lo más difícil y misteriosa para un cristiano que pueda éste decir, sea cual sea la situación que le haya tocado: "Es buena cosa para mí estar aquí. Me haré aquí un tabernáculo".

Normalmente sentimos gran deseo de salir de lo que tenemos (no estamos contentos). Salomón menciona tres cosas que no se sacian y cuatro que nunca dicen: ¡Basta!: el sepulcro, la matriz estéril, la tierra que nunca se llena de aguas y el fuego. A estas cuatro podríamos añadir una quinta, pues la mayoría de los hombres no están contentos con su situación (lo cual no es extraño, ya que tienen unos deseos ilimitados, por lo que se encuentran con grandes frustraciones). Es evidente que si se tienen unos deseos desorbitados y excéntricos, se tendrán grandes esperanzas (¡y grandes frustraciones!). Esto indica que será de mucha ventaja reducir las fantasías y las imaginaciones a cosas más realistas. Como alguien ha dicho: "Es la riqueza mayor ser pobre en deseos y estar contentos donde el Señor nos haya colocado".

Podemos contemplar tres cosas bajo las cuales le será difícil al cristiano obtener contentamiento y satisfacción:

La pérdida de su ídolo favorito y de su deseo y concupiscencia dominantes (sobre todo si éstos se cubren con el velo y la apariencia de virtud). Por ejemplo: si uno se da a la búsqueda del aplauso y la aceptación del mundo, no habrá nada tan difícil para obtener contentamiento como la pérdida de ese reconocimiento. A veces la Providencia hace que algunas concupiscencias queden fuera de nosotros: se puede decir que han muerto respecto a nosotros, pero nosotros no hemos muerto respecto a ellas. Cuando esto ocurre, las concupiscencias (a veces disfrazadas de virtud y celo por la gloria de Dios) que han quedado vivas en nosotros se sientan y lamentan ante la tumba de sus compañeras, pidiendo que resuciten y salgan de la misma. ¿Cómo podéis creer si buscáis la gloria los unos de los otros? (Jn. 5:44). Difícilmente se puede ejercitar la verdadera fe cuando se está buscando la gloria y el aplauso del mundo.

Otra situación en que es muy difícil tener contentamiento es en la permanencia y constancia de la aflicción. A veces, cuando un cristiano se encuentra por primera vez con su cruz, la saluda y abraza confesando que es algo que tiene que llevar, pero cuando la cruz no se aleja, sino que refuerza su presencia y peso, la boca se llena de gritos de desesperación. Esto es lo que le ocurrió a Job. Cuando se encontró con su cruz al principio, la recibió con contentamiento de manera eminente: ¡Bendito sea el nombre del Señor! Mas cuando estuvo postrado durante meses de vanidad, en el quebranto de encadenadas noches de sufrimiento, le oímos exclamar: ¡Mejor es la muerte que la vida! En tales circunstancias, el consejo tiene que ser la meditación en las grandes e inmensas promesas de nuestro Dios. Subid al monte y contemplad la riqueza de esperanzas que se observan en el horizonte. Estudiad la forma en que podáis siempre sellar en vuestro corazón esta conclusión: Él hace todas las cosas bien.

La tercera situación bajo la cual es muy difícil el contentamiento es la pobreza y carencia de los bienes materiales de este mundo. Alguien que conoce bien su corazón y sabe su indisposición para llevar esa cruz (Proverbios) pide que el Señor no le dé pobreza, no sea que robe y blasfeme el nombre de su Dios.

Es cierto que ejercitar nuestra fe en Dios para recibir las misericordias que se consideran más comunes, es más difícil que ejercitarla en nuestra salvación eterna y pertenencia a Cristo. El ejercicio de la fe en Dios en las cosas cotidianas es un campo de grandes contradicciones y dificultades. Y me podéis creer que no es cosa de poca dificultad para un cristiano tener confianza en Dios cuando es reducido a la miseria y carencia, no tanto ya en relación a su salvación como a los asuntos más comunes de este mundo.

Por otra parte, a los que murmuren y se quejen en estados así, corresponde que pongan su mirada en quien siendo heredero de todo, sin embargo no tenía dónde recostar su cabeza. Y que miren a esa gran nube de testigos que ya han obtenido esa preciosa y sublime posesión, quienes tuvieron que vagar por las cuevas y cavernas de la tierra, y vestirse con pieles de ovejas y cabras. Ahora estás como extranjero y sólo eres rico en esperanza y expectación, lo cual te puede consolar cuando no seas rico en posesiones materiales. En cualquier caso, siempre podemos decir que un cristiano que tiene a aquél que es todo en todos, debe contentarse con todo en toda situación.

Lo que diré, a continuación, de esta divina cualidad del contentamiento, además de lo que ya dijimos en el sermón del otro día, tiene que ver con la dificultad de lograr el contentamiento en cualquier situación en que hayamos sido colocados, y esto lo encontramos, precisamente, en las palabras: He aprendido. Es decir, Pablo fue en alguna ocasión, ignorante de esta misteriosa lección del contentamiento divino, pero recibió la instrucción de aquél que es el Príncipe de los pastores. Cuando Pablo se examinó y se conoció a sí mismo, entonces aprendió el camino del contentamiento. Efectivamente, examinándonos podemos ver nuestra miseria y pecado, y tenemos que concluir que es asombroso que no nos vayan las cosas tan mal. Confesaremos que es asombroso que el Señor no nos consuma y corte de su presencia. Tanto tiempo como se ocupa en conocer e investigar a los demás el pecador, o el cristiano, debería poner los ojos más sobre sus propias miserias y rebeliones. Mal le irá al pájaro que presume de poder ver el lejano horizonte pero que no alcanza a ver su propio nido.

Quiero señalar dos elementos muy importantes en la consecución del verdadero contentamiento: me refiero a la fe y el amor. Si no se ejercen ambos, no brotará el contentamiento. La fe nos dice que Cristo es nuestro; la fe es la gracia que mejor interpreta las actuaciones de Dios para con nosotros. Nunca se conoce que la fe haya traído una mala referencia contra las obras de Dios. Y del amor, ¿qué no podrá decirse como fuente del contentamiento? El amor todo lo sufre, todo lo soporta; el amor no piensa el mal; el amor sólo desea al Ser amado, y sólo le entristece la ausencia de este Ser amado.

Para llegar al contentamiento cristiano es necesario pasar por la gracia de la mortificación de todas las vanidades del mundo. ¿Cómo vas a estar satisfecho y contento si tu corazón está en las vanidades de Egipto? Sólo cuando el mundo me ha crucificado a mí y yo al mundo (Gálatas), avistamos la tierra prometida de la satisfacción y el contentamiento.

Tengo que apuntaros, hermanos, otro impedimento para alcanzar el contentamiento. Me refiero al orgullo o la soberbia. Hasta que este ídolo innato y connatural no se ha abandonado, no se puede entrar en el templo del contentamiento. La frustración, el desencanto y el descontento tienen un pacto con el orgullo y la altivez que es indisoluble. Donde esté lo uno estará lo otro. El cristiano que se ha librado de esa tiranía, reposado en los brazos de la humildad, cae al suelo postrado y cierra su boca, llevando su yugo en silencio al considerar: Porque el Señor así lo quiso. La alabanza del contentamiento nunca puede salir del grito de la soberbia.

Paso ahora a mencionaros algunos de los factores que deben impulsaros a buscar este contentamiento:

Ésta es una gracia que acompaña a la fe, la humildad, la paciencia, la esperanza y la mortificación. Se puede decir que el contentamiento es el resultado de todas ellas resumidas en una. Una gran cosa tiene que ser el contentamiento cristiano cuando recibe su carácter de tales gracias. La primera ventaja que un cristiano encuentra en el contentamiento , aun en las situaciones más adversas, es que recibe más dulcemente la comunión y presencia de Dios. La promesa "no te dejaré ni te desampararé" suenan más dulces y cercanas. Es imposible para un cristiano descontento orar en alabanza bajo la cruz, pues carece del requisito divino para ello: elevar manos sin ira.

Otro aspecto es que el cristiano sin contentamiento obstruye las ventajas de la cruz para su crecimiento. Un cristiano descontento no recibe ningún beneficio de su cruz. El ejercicio de la humildad, el de la oración y el de morir al mundo quedan mermados y secos por el descontento. El descontento es la madre del orgullo y la soberbia, y alimenta estos pecados con gran eficiencia. El contentamiento, por contra, es el campo de la humildad, donde se refresca cada día. Igualmente puede decirse del morir al mundo y conformarse a Dios. Ciertamente un cristiano descontento no puede avanzar en la mortificación de sus pasiones y deseos. Es más: puede decirse que una sola hora de descontento echa por tierra días de esfuerzo contra el pecado. ¡Qué importante es que busquemos esta gracia! ¡Qué lejos puede llevar el descontento y la falta de conformidad con la voluntad de Dios! El templo de la oración queda muy distante. Hasta que montes en el caballo de la conformidad no podrás acercarte a Él. La oración no puede engendrarse en la esterilidad del descontento. Cuando Dios te envía una cruz, su finalidad, entre otras, es enseñarte a orar, pero el descontento te priva de ese beneficio. Al final, te quedarás con la cruz, con la falta de satisfacción y sin frutos positivos. ¡Qué importante es que busques la gracia de contentarte con los caminos del Señor!

Considerad otro argumento para que busquéis esta gracia: el contentamiento impide muchas tentaciones y confusiones. Muchos se han desviado y han sido traspasados de muchos males y dolores porque no se quedaron en la quietud de su lugar. No conozco de otro pecado que produzca tantos males. La falta de contentamiento está en el inicio mismo de los males de la humanidad. ¡Cuántos caminos torcidos se han tomado por la falta de satisfacción en el Señor! ¡Qué absurdos pensamientos ha engendrado! Aun el salmista llega a decir: "En vano he limpiado mi corazón". La cruz misma, con esta gracia del contentamiento, se hace más llevadera. Su carencia agrava el yugo, por lo que se puede decir que el murmurador aumenta el peso de su frustración. La murmuración contra Dios no soluciona nada y sí complica más la situación. Cuanto más alto se levante el puño contra Dios, más daño produce la aflicción. Sin embargo, llevándola de rodillas en humildad se hace más fácil y ligera.

Finalmente, que esta exhortación llegue, de manera especial, a los que tienen una vida con aparente ausencia de aflicción y conflicto, es decir, a los que tendrían que estar contentos y satisfechos. Es el caso que éstos, en muchas ocasiones, son los que menos satisfacción muestran. Creedme: No hay nadie más disconforme que quien tiene más motivos para contentarse. Nunca se sacian. Nunca dicen: ¡Basta! Que nadie se engañe: la causa del descontento siempre es algo en relación con Dios, nunca en la relación con las cosas de aquí abajo. La prueba la tenéis en aquellos que os dicen que, en cuanto alcancen la situación cuya carencia consideran la causa de su descontento, entonces tendrán gozo y satisfacción. ¿Qué ocurre con estas personas? Pues que si llegan a obtener lo que buscaban, siguen igual de descontentos, infelices y amargados. Se dice de Alejandro Mago que, al contemplar que ya no tenía más reinos que conquistar, se echó a llorar desconsolado. Creedme: si no podéis obtener satisfacción y contentamiento ahora en vuestra situación presente, tampoco lo obtendréis cuando ésta sea mejor. Pretender algo así no es más que el engaño de Satanás.

Hermanos, estudiad bien este asunto. El contentamiento es el vestido de gala de la gloria celestial; es traer el cielo a la tierra; porque ¿en qué consiste la felicidad celestial sino en el gozo y satisfacción del alma? Aprendamos ahora a vivir como vivos de entre los muertos. El tiempo presente es corto. Consolémonos con la eternidad que ya está a la mano. Que ese precioso día venga y todos los demás no sean ya más.

06 Noviembre 2011

El Consolador

Written by Charles H. Spurgeon, Posted in Sermones Escritos

Un sermón predicado la noche del Domingo 21 de Enero de 1855 por El Rev. Charles Haddon Spurgeon En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.

"Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." Juan 14: 26

 

El buen anciano Simeón llamó a Jesús 'la consolación de Israel' y en verdad lo fue. Antes de Su aparición real, Su nombre era el 'Lucero de la Mañana' que ilumina la oscuridad y profetiza la llegada del alba. A Él miraban con la misma esperanza que alienta al centinela nocturno, cuando desde la almena del castillo divisa la más hermosa de las estrellas y la aclama como pregonera de la mañana. 

Cuando estaba en la tierra, fue la consolación de quienes gozaron del privilegio de ser Sus compañeros. Podemos imaginar cuán prestamente acudían a Cristo los discípulos para comentarle sus aflicciones, y cuán dulcemente les hablaba y disipaba sus temores con aquella inigualable entonación de Su voz. Como hijos, ellos le consideraban como un Padre; a Él presentaban toda carencia, todo gemido, toda angustia y toda agonía, y Él, cual sabio médico, tenía un bálsamo para cada herida; Él había confeccionado un cordial para cada una de sus penas; y dispensaba prontamente un potente remedio para mitigar toda la fiebre de sus tribulaciones. 

¡Oh, debe haber sido muy dulce vivir con Cristo! En verdad las aflicciones entonces no eran sino gozos enmascarados, porque proporcionaban la oportunidad de acudir a Jesús para alcanzar su alivio. ¡Oh, que hubiéramos podido posar nuestras cabezas sobre el pecho de Jesús, y que nuestro nacimiento hubiera sido en aquella feliz época que nos habría permitido escuchar Su amable voz, y contemplar Su tierna mirada, cuando decía: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados"! 

Pero ahora se acercaba la hora de su muerte. Grandes profecías iban a ver su cumplimiento, y grandes propósitos iban a ser cumplidos, y por ello, Jesús debía partir. Era menester que sufriera, para que se convirtiera en la propiciación por nuestros pecados. Era menester que dormitara durante un tiempo en el polvo, para que pudiera perfumar la cámara del sepulcro a fin de que:

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