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“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:5-6

Jesús dijo: “Yo soy la puerta” (Juan 10:9)

07/05/2026 Pastor Ángel Álvarez

Una puerta es uno de los objetos más necesarios para la vida. ¿Os imagináis cómo sería la vida si no hubiera puertas? Habría caos, miedo, peligro, y la vida cotidiana sería imposible. ¡Cuán necesaria es una simple puerta! Pues Jesús declara acerca de sí mismo: “Yo soy la puerta”. Pero, ¿por qué hizo esta afirmación?

Una puerta da acceso a otro lugar. Imagina un búnker. Es inaccesible; impenetrable. Uno solo puede acceder a su interior a través de la puerta. Pero hay algo más inaccesible que un búnker, y es Dios por causa de nuestros pecados. Como dice Isaías 59:2, “vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios”. Nuestros pecados han levantado un muro entre Dios y nosotros; un muro que no se puede rodear, ni saltar, ni evitar. Ese muro permanecerá en pie para siempre, manteniéndote separado de Dios, a menos que haya un medio de reconciliación. Y Jesús es la puerta que nos da acceso a Dios. Él es el único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5). Y así como una puerta tiene dos lados para dar acceso a ambas partes, Jesucristo es Dios y hombre para poder mediar entre ambos de manera adecuada, perfecta y efectiva. Jesús dice: “Yo soy la puerta”. Nadie más; solo él. No hay varias puertas; solo una. Jesucristo es el único que da acceso a la misma presencia de Dios.

Ese acceso es expresado de esta manera: “el que por mí entrare”. Pero esto implicó un altísimo precio para que Jesús pudiera ser la puerta que da acceso a Dios. Dice Hebreos 10:19-20 que tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne”. Él tuvo que dar su vida, muriendo y derramando su sangre, sufriendo nuestro castigo, para poder tener acceso a Dios. Y, en vez de ser condenados y castigados, ser recibidos y aceptados.

Al leer estas palabras, tal vez te estás dando cuenta de que tú te encuentras en ese lado del muro sin acceso a Dios por causa de tus pecados. Tus pecados han levantado un muro alto. Tan alto que no tiene fin; un muro cuyos lados no terminan nunca. En tu estado de pecado y condenación no puedes hacer nada para superarlo. En tus pecados no tienes acceso a Dios. Estás separado de él y un día sufrirás castigo de eterna perdición. Pero hay una puerta. La puerta. La única puerta. El Señor Jesucristo. Y él dice: “el que por mi entrare”. ¿Quieres entrar? ¿Quieres ser salvo de tus pecados? ¿Quieres ser perdonado y reconciliado con Dios? Entre a él por medio de Jesucristo.

Y me preguntarás: ¿Cómo se entra por Jesús a Dios? Arrepiéntete de tus pecados y cree en el Señor Jesucristo como tu Salvador. Así serás perdonado y aceptado en la comunión con Dios.

Imagina un mundo en paz

07/05/2026 Pablo Pérez

Imagine es una de las canciones más famosas del grupo los Beatles, convirtiéndose en una especie de himno de la sociedad occidental como el paradigma de la paz. Pocos son los que no conocen su letra. Junto con la belleza de su música, sus frases nos envuelven en una atmósfera de paz y felicidad, produciendo un sentimiento y anhelo de un mundo mejor para toda la humanidad.
Lamentablemente, esta humanidad sigue sumida en conflictos y guerras. Esa es la trágica historia desde que el hombre es hombre. La verdad es que sería muy bonito que todos los países se pusieran a cantar juntos esta canción de John Lennon. Así se llegaría a un mundo en paz, como dice el cantante, sin países, sin muertes, sin religiones, sin cielo ni infierno. Todos felices comiendo perdices. Muchos son los que comparten este sueño de Lennon, pero, como decía Calderón de la Barca, los sueños, sueños son. Otros muchos cantantes se han unido a este deseo con sus propias canciones.
Cuando examinamos la historia de la humanidad, descubrimos que ha habido más tiempos de guerra que de paz. Si bien es cierto que la colonización en muchos casos aportó progreso, cultura y religión, muchas civilizaciones se han beneficiado de sus conquistas para enriquecerse a costa de las guerras.
En la historia de la filosofía, grandes pensadores como Aristóteles, Julio César y otros muchos más actuales, intentan abordar la cuestión de las guerras y sus resultados. Hoy día hay quienes piensan en la posibilidad de una alianza de civilizaciones en la que toda la humanidad viva en armonía y paz, sin tener en cuenta la verdadera razón por la que existen las guerras y los conflictos entre los seres humanos, y es el pecado.
En su Epístola, Santiago declara: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar (Sant.4:1-2). Esta es la condición natural del ser humano. Por su naturaleza pecaminosa, es seducido y atraído por sus pasiones y deseos de poder, dominados por el diablo.
Aquellos que hemos sido librados del poder de Satanás por la salvación de Jesucristo, tampoco estamos exentos de caer en nuestros deseos y pasiones. Por ello, necesitamos acercarnos a Dios y pedirle en su gracia que nos dé sabiduría y nos socorre. Esa sabiduría de Dios es la que trae paz, como también dice Santiago: La sabiduría que viene de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siempre en paz para aquellos que hacen la paz (Sant.3:17-18).
Lamentablemente, el hombre no quiere la sabiduría de Dios. Así, el sueño de Lennon no puede hacerse realidad. Sin embargo, todavía hay esperanza de que el hombre busque la paz y la encuentre. Esa paz solo la puede traer el Príncipe de Paz, el Señor Jesucristo.

Mirad que nadie os engañe

27-04-2026 Pablo Pérez

El miedo al fin del mundo está en todas partes. Guerras mundiales en el pasado, la guerra fría que vino después, desastres nucleares dejando una tierra devastada, las guerras actuales en diversos países, el cambio climático, la caída de un gran meteorito sobre la tierra e, incluso, una invasión alienígena. Otros hablan del surgimiento de las máquinas y los robots en un futuro cercano que acabará con la humanidad. Para escapar de estas cosas, la gente construye búnkeres, prepara viajes espaciales para vivir fuera de nuestro planeta, etc. Y, si debemos ser francos, no estamos exentos de sufrir desastres naturales, guerras y otras situaciones que nos puedan sobrevenir causándonos miedo y temor.
Antes de su partida, el Señor Jesucristo advirtió de que vendría este tipo de cosas en su anuncio de la destrucción de Jerusalén (Mateo 24:6-7). Desde entonces, han seguido sucediendo esas cosas. Las Escrituras hablan del fin del mundo y de eventos que ocurrirán previos al mismo. Sin embargo, también hay aspectos sobre él que Dios no nos ha dado a conocer, como el día de la segunda venida de Jesucristo (v.36). Debido a estas cosas, los discípulos de Jesús le preguntaron: ¿Cuándo serán estas cosas (la destrucción del templo), y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo? Su respuesta fue: Mirad que nadie os engañe.
De hecho, ha habido muchos engañadores a lo largo de la historia y muchos se han centrado en responder a esta pregunta de los discípulos, dando detalles y poniendo fechas que la Biblia no nos da.
Esto no significa que no debamos estudiar la Biblia sobre estos temas. De hecho, el Señor mismo nos exhorta a hacerlo; pero, sin la dirección del Espíritu Santo sometiéndonos a lo que él ha dicho en su Palabra, lo más seguro es que especulemos sobre profecías y nos desviemos de lo realmente importante de la cuestión. Muchos son los que han manipulado el temor de la gente sobre estos asuntos para aprovecharse de ella. Las redes sociales se llenan de predicaciones, podcasts, debates, artículos y otros medios, aprovechando estos tiempos de incertidumbre que estamos viviendo, pero obvian el mensaje central y el suceso más importante que sí debemos considerar, y es la segunda venida del Señor Jesucristo.
La esperanza y confianza que tenemos los creyentes en Cristo es lo que realmente nos libra de todo ese temor y miedo, poniendo nuestros ojos en Jesús como nuestro Señor y Salvador. Hace más de 2000 años el Señor Jesucristo dijo: Ciertamente vengo en breve. ¿Tienes tú esta esperanza? ¿Posees esta certeza? Solo si pones tu confianza en Jesucristo, quién murió por los pecadores en la cruz del Calvario para el perdón de nuestros pecados, y resucitó para darnos vida eterna, podrás tener la misma confianza y deseo que expresa el apóstol Juan sobre la segunda venido de Cristo: Amén; sí, ven, Señor Jesús (Apocalipsis 22:20).

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12)

25/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

El mundo yace en absolutas tinieblas. No son unas tinieblas físicas, sino unas peores; son las tinieblas espirituales en las que se encuentra la raza humana – tinieblas en su mente, en su alma, en su corazón.
Al principio de la creación no era así. Dios creó al hombre justo, por tanto, no había tinieblas en él originalmente. Tenía un conocimiento verdadero de Dios y disfrutaba de su comunión en justicia y santidad. Sin embargo, el hombre decidió rebelarse contra Dios, escogiendo las tinieblas al escuchar la voz del diablo y actuar en desobediencia a su Creador. Con este acto de rebelión, cayó en una ignorancia de Dios, apartándose de la luz de su verdad y escogiendo vivir sin él. Las consecuencias no pudieron ser más terribles – ahora el hombre yace en las tinieblas de sus pecados bajo la separación eterna de Dios en miseria y condenación. Si el hombre desea vivir sin Dios en su vida, debe ser con todas sus consecuencias. El infierno, ese lugar terrible de tormento, castigo y sufrimiento, es llamado por Dios “las tinieblas de afuera”. Es el lugar adecuado para aquellos que mueren en las tinieblas de sus pecados.
Pero hay liberación de esas tinieblas. Hay salvación de tus pecados y de la condenación de los mismos. Esta salvación solo se encuentra en Jesucristo: “Yo soy la luz del mundo”. Cristo vino al mundo para destruir las tinieblas que el pecado ha causado. ¿Y cómo las destruyó? A través de su muerte en la cruz del Calvario, recibiendo nuestro castigo. El castigo que tú y yo merecemos, lo llevó él sobre sí mismo. Leemos que estando Jesús en la cruz, “hubo tinieblas sobre toda la tierra”. En ese momento estaba llevando sobre sí mismo los pecados de su pueblo y sufriendo en su lugar.
Si pones tu confianza en Jesucristo como tu Señor y Salvador, en ese mismo instante experimentarás lo que dice Colosenses 1:13-14. Serás “librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. Redención significa liberación por medio de un pago. Jesús pagó el alto precio de su vida para librar a los pecadores de las tinieblas de sus pecados y de su condenación. Confía en su promesa dada en Juan 8:12: “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Ven a Cristo, porque Jesús no desecha a ninguno que se acerca a él en arrepentimiento y fe en su obra en la cruz. Si vienes a él, si le recibes en tu corazón, pasarás de estar muerto en tus pecados a recibir la vida eterna en Cristo; de estar en la condenación a recibir la salvación; de estar bajo la ira de Dios a ser adoptado como su hijo en su familia; de estar en profundas a la luz gloriosa del Señor Jesucristo.

Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”

25/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

¿Qué quiso decir Jesús con estas palabras?

1. La realidad del Pan de vida.
En el v.32 se describe como “el verdadero pan del cielo”. Anteriormente Jesús había mencionado el maná que Israel recibió en el desierto. Aquel maná les mantendría vivos durante un tiempo en el desierto, pero eso era todo lo que el maná podía hacer. El maná era solo un cuadro apuntando al verdadero maná que vendría del cielo, Jesucristo.
Jesús está declarando que hay imitaciones, en algunos casos incluso falsificaciones; pero solo hay uno que es real y verdadero, que genuinamente salva y da vida al pecador – él mismo. Él es “el verdadero pan del cielo”. Jesucristo nunca decepciona al pecador que confía en él para salvación. Él puede alimentar tu alma y salvarte de tus pecados.

2. La espiritualidad del Pan de vida.
En el v.33 Jesús también dice acerca de sí mismo: “el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Él da la vida espiritual que el pecador necesita. Esta vida solo se encuentra en él: “si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (v.51). El Señor Jesucristo da una vida que nunca termina, que nunca perece. Cristo no solo es la vida, sino que da la vida al que está muerto espiritualmente; una vida en abundancia, la vida eterna.
El maná, el pan físico, solo era un alimento material con beneficios meramente temporales: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron” (v.49). Por el contrario, Cristo dice de sí mismo: “Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (v.50). Él es el pan de vida espiritual, y su alimento espiritual trae beneficios eternos.

3. El sacrificio del Pan de vida.
En el v.51 Jesús declara que daría su propia vida para salvar al pecador: “Y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”. Este pan que descendió del cielo es el mismo que fue levantado en una cruz. En aquella cruz se dio a sí mismo en sacrificio por nuestros pecados, recibiendo él nuestro castigo. Lo que declaró en la Última Cena de manera simbólica es totalmente aplicable a su muerte en la cruz: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido”.
Si aún no tienes a Cristo, el Pan de vida, como tu Salvador, Jesús te está diciendo que solo puedes tener la vida en él, ya que eres un pobre pecador perdido en tus pecador sin vida y sin esperanza en ti mismo. Por tanto, necesitas a Cristo hoy. Y la manera de recibir la vida que él te ofrece es confiando en él como tu Señor y Salvador, en arrepentimiento de tus pecados y confesándolos a Dios, pidiendo perdón. Nada puede darte la vida estando en tus pecados sino Aquel que se proclama a sí mismo: “Yo soy el Pan de vida”.

Cómo sacarle el máximo provecho a la lectura de la Biblia

21/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

Hay varios principios prácticos que podemos llevar a cabo para una lectura provechosa de la Biblia.

1. Acércate a la Biblia en oración.
Cada vez que abras tu biblia para leerla, pide al Señor sabiduría y la guía del Espíritu Santo, ya que solo él puede iluminar tu mente para entender su Palabra y tocar tu corazón para aplicarla en tu vida.
Pide al Señor que:
– Te de sabiduría para entender su Palabra.
– Te hable a través de ella.
– Sea él quien te hable y no impongas tus prejuicios sobre la lectura de la Biblia.
– Te dé un espíritu enseñable para recibir la instrucción de su voluntad.
El objetivo principal de las Escrituras no es adquirir conocimiento, sino crecer en la comunión que tienes con Dios y entender su propósito para tu vida. Con esta actitud de oración al acercarte a la Biblia, descubrirás el deleite de su lectura y recibirás la bendición que Dios imparte a todos aquellos que, con humildad y sinceridad, buscan su luz y dirección.

2. Memoriza pasajes bíblicos.
Habrá ocasiones en las que no tendrás tu biblia a mano. Tal vez te asalte una duda de repente, o tengas una decisión inmediata que tomar, o una tentación repentina, o una pregunta que responder a petición de otra persona. En estos casos, lo mejor es la memorización de versículos y pasajes de la Biblia. Esto puede tomar tiempo y esfuerzo; pero, una vez memorizados, esos pasajes y versículos se convertirán en el cimiento de nuestras convicciones del conocimiento de Dios y de nuestra relación con él.

3. Selecciona una hora y un lugar específicos.
Este principio tan sencillo y práctico hará que puedas sacar el máximo beneficio a la lectura de la Biblia. Debe ser un tiempo y un lugar tranquilos en los cuales no tengas distracciones. Si es necesario, silencia tu móvil para evitar interrupciones o distracciones.

4. Tómate tu tiempo.
No leas con prisa, sino con atención. El objetivo no es solo terminar la lectura programada, sino entender lo que estás leyendo. No es cuestión de cantidad, sino de discernir lo que lees.

5. Desarrolla una lectura didáctica y aplicada.
Para poder sacar el máximo beneficio de la lectura de la Biblia, hazte las siguientes preguntas:
¿Quién está hablando?
¿A quién lo hace?
¿Por qué?
¿Cuándo y dónde ocurrió lo que relata el pasaje?
Y, finalmente, ¿cómo puedo aplicar este pasaje a mi vida personal?
Es bueno tener un cuaderno para anotar pasajes de interés personal o para memorizar, o versículos que no entiendes y quieres estudiar con más profundidad.
Para mayor provecho, haz uso de herramientas para estudio bíblico, tales como concordancias, diccionarios y buenos comentarios bíblicos. Pero esto es muy importante: son ayudas y no deben suplantar el lugar de la Biblia y la lectura de la misma. También comparte con otros tus lecturas y contrasta tus opiniones y conclusiones, así seréis bendecidos mutuamente en la meditación de la Palabra de Dios.

La Biblia – Un libro único

20/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

La Biblia es única en su origen. Fue escrita por unos 40 escritores, en un período de unos 1500 años, en tres continentes diferentes y en tres idiomas distintos.
La Biblia es única en su unidad. La Biblia trata ciertos de temas, algunos de ellos muy controvertidos, de los cuales la humanidad tiene opiniones muy dispares. Los escritores de la Biblia tratan historia, teología, filosofía, del cosmos, de la naturaleza. Escribieron sobre temas profundos y difícilmente pudieron contrastar opiniones. En ella encontramos más de 63.000 referencias cruzadas. Sin embargo, la Biblia tiene una armonía perfecta en todos los temas que abarca.
La Biblia es única en su preservación. Las obras antiguas más conocidas y preservadas no tienen el respaldo de manuscritos que sí tiene la Biblia. La siguiente tabla muestra autores antiguos, la fecha de sus obras, la copia manuscrita más temprana encontrada, el lapso de tiempo entre ellas y el número de copitas encontradas.

Del Nuevo Testamento existen más de 5.800 manuscritos griegos, sin contar los miles de manuscritos preservados en otros idiomas. El porcentaje de coincidencia entre todos estos textos es del 99%, lo cual hace de la Biblia el texto más fiable con diferencia a todos los demás libros.
La Biblia es única en su cumplimiento profético. Por citar solo un ejemplo, hay más de 300 profecías en el Antiguo Testamento que se cumplieron en la persona de Jesús de Nazaret. La probabilidad de que una persona cumpla todas esas profecías es de 1 entre 10900, lo cual es una imposibilidad absoluta si no hay una intervención divina. El universo observable contiene aproximadamente 1080 átomos. Imagínate que tenemos 12 universos como el nuestro para alcanzar ese 10900. Ahora pinta un solo átomo de color rojo y lo pierdes en medio de esos universos. Después pide a alguien, con los ojos vendados, que extraiga exactamente ese átomo rojo en su primer y único intento. Ese es el nivel de porcentaje del que estamos hablando en cuanto a las profecías cumplidas por Jesús. Que Jesús de Nazaret cumpliera todas esas profecías en su persona elimina la “suerte” o la “coincidencia”, dejando solo una opción – el cumplimiento de un patrón divino diseñado de antemano.
La Biblia es única en su difusión y actualidad. Se han escrito millones de libros que han sido olvidados, miles de ellos en una generación. Algunos de ellos solo se leen por interés histórico, pero no son actuales ni relevantes para la vida. La Biblia es leída por más personas, publicada en más idiomas y vendida en mayores cantidades que cualquier otro libro. La Biblia encaja en cada período de la historia. Es leída por personas de toda clase y edad. Y mientras que los más pequeños entienden sus relatos y lecciones, los doctos se maravillan de la profundidad de su contenido.

La doctrina de la Trinidad

17/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

La doctrina de la Trinidad es perpleja y difícil de entender para nosotros. Si hubiese una ecuación que representara la trinidad no sería 1+1+1=1, sino 1x1x1=1. En la creación encontramos esta clase de ecuación:

Largo x Ancho x Alto = Espacio.
Energía x Movimiento x Fenómeno = Materia.
Pasado x Presente x Futuro = Tiempo.
Espacio x Materia x Tiempo = Universo.

Como puede verse, cada unidad es absoluta en sí misma, pero ninguna podría existir por sí misma. Así es cómo debemos pensar en la Deidad: Padre x Hijo x Espíritu Santo = Dios.
El término Trinidad describe una relación, no de tres dioses, sino de un Dios que es en tres personas. No se trata de tres papeles representados por una sola persona (eso es modalismo, que niega la distinción de las personas dentro de la Deidad); tampoco se trata de tres dioses que forman un cuerpo (esto es triteísmo); y tampoco es una persona, un dios menor y una influencia divina (eso es arrianismo, que niega la igualdad de las tres Personas de la Deidad en sustancia, poder y gloria, como los Testigos de Jehová).
La doctrina bíblica de la Trinidad enseña que Dios es uno en esencia y tres en persona. La Biblia afirma enfáticamente la unidad de Dios (Deut.6:4). Al mismo tiempo la Biblia afirma la plena divinidad de las tres personas de la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y todas las personas de la Deidad tienen todos los atributos de la divinidad.
También hay una distinción en la obra llevada a cabo por cada persona de la Trinidad. Podemos decir que la salvación es la obra de las tres personas de la Trinidad; pero, al mismo tiempo, cada persona asume diferentes aspectos de la misma: el Padre inicia la redención; el Hijo redime a la creación; el Espíritu Santo aplica la redención.
La doctrina de la Trinidad no explica plenamente el misterio del carácter de Dios. Antes, establece los límites que no debemos traspasar. Nos demanda que seamos fieles a la revelación bíblica de que, en un sentido, Dios es uno, y en un sentido diferente, Dios es tres.
Dice 2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”. La importancia práctica de la doctrina de la Trinidad se encuentra en que nos exige adorar y honrar de igual manera y en el mismo grado a las tres personas en la unidad de su Deidad, en la relación que tenemos con el Dios trino a través del evangelio.

Cómo vencer mis depresiones

13/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

La depresión parece ser la enfermedad de moda hoy día. Pero ¿qué es lo que provoca las depresiones? ¿Qué hace que los jóvenes creyentes las sufran?
En los jóvenes las depresiones suelen ser causadas por un sentimiento constante de no sentirse realizado. Sientes que no estás a la altura de lo que los demás esperan de ti. Entonces “te da el bajón”. Deseas ser valorado, pero en cambio, te sientes menospreciado. Otras causas de depresión suelen ser la pérdida de algún ser amado, o el hecho de provenir de hogares desechos. La depresión puede llegar a un extremo nocivo para el joven cuando llega a pensar que todo cuanto haga para superar sus problemas será inútil y que no hay esperanza de un mañana mejor.
Pero recuerda: los que amamos al Señor Jesucristo siempre tenemos la esperanza de un mañana mejor. El problema que enfrentas hoy no es más importante que tu vida. Nada de lo que te suceda, por oscuro que lo veas, es más importante que tu vida, la cual está en las manos del Señor. Al contrario, aquello aparentemente malo que te sucede ayudará para que veas la mano de Dios socorriéndote. El Señor te dará las fuerzas para sobrellevar tus cargas de hoy para hacerte más fuerte mañana.
La mejor solución para la depresión es el amor: el amor de Cristo y el amor de los hermanos en la iglesia. Puede que no tengas el hogar que desearías, pero tienes al Señor. Puede que no tengas familiares con los que compartir tus preocupaciones, pero tienes hermanos en la iglesia con los que podrás hacerlo. Una persona que sabe que es amada tal como es, difícilmente caerá en la depresión. En la casa de Dios experimentamos el amor del Padre, de su amado Hijo, y de nuestros hermanos en la fe.
En la práctica, hay cosas que debes considerar. Las depresiones suelen producirse porque te has propuesto metas muy altas, las cuales no has podido alcanzar pese a tus esfuerzos. Tal vez no sea el momento de proponerte esas metas. Tal vez te falta madurez hoy, pero ésta la irás adquiriendo al caminar con el Señor. Fíjate metas más realistas. Además, muchos de los fracasos son una preparación para los triunfos del mañana.
Las Escrituras dicen: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas” (Eclesiastés 9:10). Considera cuáles son tus fuerzas y haz conforme a las mismas. La Palabra también enseña que no todos hemos recibido cinco talentos; algunos tenemos dos, o uno. Tal vez tú hayas recibido cinco talentos. Si es así, Dios no te va a pedir que rindas cuentas por cinco, sino por los dos que recibiste. Es mejor ser fiel en lo poco que ser infiel en lo mucho.
Otra cosa importante es que busques la forma de servir a otros. El Señor enseña que es más bienaventurado dar que recibir. Tú busca servir a los demás; Dios se encargará de que tus propias necesidades sean suplidas.
Algunas veces puede que el problema radique en que hemos cometido alguna falta y no nos atrevemos a confesarla. Entonces, ponemos una carga en el corazón que se va haciendo cada vez más pesada. La solución está en confesar. Confiesa tu pecado al Señor tu pecado, y acude al poder de la sangre preciosa de tu Salvador Jesucristo.
La depresión es un mal que el diablo usa para dañarnos, pero el hijo de Dios puede hacerla frente gracias a la vida de Cristo que opera en él, y la vida del Cuerpo, que es la iglesia. Que el Señor nos dé de su gracia para, lejos de estar sumidos en la depresión, nos podamos gozar en el Señor siempre.

La verdad objetiva

13/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

¿Existe la verdad objetiva? ¿Existe una sola religión que es verdadera?
Alguien podrían argumentar: “Todas las religiones tienen algo de verdad, pero no toda la verdad”. Es como la parábola del elefante y los 6 hombres que tienen sus ojos vendados. Uno palpa una oreja, otro la trompa, otro un colmillo, otro una pata, otro la cola y otro el lomo. Cada uno concluye cosas muy distintas dependiendo de la parte del elefante que palpó: un gran abanico, una serpiente muy gruesa, una lanza, un tronco, una cuerda y una pared. En esta parábola, cada hombre representa las 6 religiones mundiales principales: taoísmo, budismo, hinduismo, islamismo, judaísmo y cristianismo. La conclusión, declaran, es la siguiente: “Puede que cada religión tenga algo de verdad, pero no tiene toda la verdad, y ninguna religión posee más verdad que las demás. Puede que una religión piense que tiene la verdad, pero en la realidad no es así”.
Pero esta forma de razonar falla en varios puntos muy importantes. Para empezar, en la parábola no hay solo seis personas. En realidad hay siete. La séptima es el narrador de dicha parábola. Hagámonos esta pregunta: ¿Cuál es la perspectiva del narrador de la parábola?
El narrador de la parábola puede verlo todo. Puede ver el cuadro completo. El narrador tiene una perspectiva objetiva. Así, puede decir que todos están equivocados y que solo él posee la verdad.
Una vez se tiene una perspectiva objetiva, uno puede ver la verdad.
De esta parábola, bien contada, se derivan tres verdades innegables:
Primera, si te quietas la venda y miras, puedes ver que lo que tienes delante de ti es verdaderamente un elefante. No es una lanza, ni una serpiente, ni un árbol, ni una pared, ni una soga, ni un gran abanico. Solo puede ser una cosa – un elefante.
Segunda, la verdad no es relativa al individuo. De otra manera, no sabríamos que esos hombres vendados están equivocados en su percepción – el elefante no puede ser otra cosa que no sea un elefante.
Y tercera, no puedes saber que alguien está equivocado a menos que sepas lo que es cierto, verdadero y correcto. No puedes saber que alguien no tiene razón a menos que sepas lo que es cierto.
El gran error del pluralismo religioso es decir: “Todos están cegados, menos yo”. Esta parábola prueba exactamente lo contrario a lo que intenta probar el pluralismo religioso: si nos quitamos la venda para ver, podemos descubrir la verdad objetiva.

La existencia de Dios

13/04/2026 Pastor Ángel Álvarez

¿Quién hizo a Dios? Él siempre ha existido. Dios existe de una forma distinta a la nuestra. Nosotros, sus criaturas, existimos de una manera frágil, finita, derivada y dependiente. Por el contrario, nuestro Hacedor existe de una manera necesaria, eterna e independiente. Su existencia es necesaria porque Dios no tiene la posibilidad de dejar de existir. Nosotros envejecemos y morimos, porque forma parte de nuestra naturaleza. En cambio, Dios continúa inmutable para siempre porque forma parte de su naturaleza.
Cuando la Biblia declara que Dios es el Creador del universo, indica que Dios mismo no fue creado. Hay una distinción crucial entre el Creador y la creación. La creación da testimonio de su gloria. Por tanto, la creación debe adorar a su Creador, y no a sí misma.
Es imposible que algo se cree a sí mismo. La autocreación es una contradicción de términos y no tiene sentido. Nada se puede crear a sí mismo. Ni siquiera Dios se podría haber creado a sí mismo. Para que Dios pudiera llegar a hacer eso, tendría que haber existido antes de crearse.
Cada efecto tiene una causa. Dios no es un efecto. Él no tiene principio; por tanto, no tiene una causa antecedente. Él es eterno. Él siempre fue o es. Él no requiere de fuerzas externas a sí mismo para continuar existiendo. Esto es lo que significa el concepto autoexistente. Todo lo que percibimos en nuestra esfera es dependiente y creado. No podemos comprender plenamente algo que es autoexistente.
Pero solo porque es imposible que una criatura sea autoexistente no significa que es imposible que el Creador sí lo sea. Dios, al igual que nosotros, no puede haberse creado a sí mismo. Pero Dios, a diferencia de nosotros, es autoexistente. De hecho, esta es la esencia misma de la diferencia entre el Creador y la creación.
A esta doctrina se le llama en teología la aseidad de Dios, la cual es establecida en pasajes como Sal.90:1-4; 102:25-27; Is.40:28-31; Jn.5:26; Ap.4:10.
El concepto de la autoexistencia no viola ninguna ley de la razón, la lógica o la ciencia. Es una noción racionalmente válida. Por contraste, el concepto de la autocreación viola la ley más básica de la razón, la lógica y la ciencia – la ley de la no contradicción. La autoexistencia es racional; la autocreación es irracional.
La noción de que algo sea autoexistente no es solo racionalmente posible, sino que también es racionalmente necesario. La razón demanda que, si algo existe y no tiene autoexistencia, algo autoexistente debe haberlo creado en primer lugar. De otro modo, no habría existido nada. A menos que algo haya existido por sí mismo en primer lugar, nada podría haber existido.
Hay una pregunta que no podemos ignorar: ¿Por qué hay algo en vez de nada? Si hay algo es porque Dios es. Dios es el origen y fuente de todo ser. Solo él tiene en sí mismo el poder de existir. Y de él viene nuestra existencia.

¿Qué significa ser cristiano?

Quedarnos dormidos